Lunes, 21 de mayo de 2007
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VIZCAYA

ALAIN VIGNEAU, PAYASO
«En los países con pocos recursos la gente se ríe bastante más que aquí »
El artista francés ha estrenado esta semana una obra sobre la guerra en el festival de clown de Arrigorriaga
«En los países con pocos recursos la gente se ríe bastante más que aquí »
EL ESPECTÁCULO que Vigneau ha estrenado en Arrigorriaga, 'Alarm', cuenta una historia bélica. / E. C.
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Desde hace dos décadas, Alain Vigneau se dedica al noble oficio de hacer reír a los demás. Aunque lo que cuente no tenga maldita la gracia. Habla de la guerra, de las desigualdades... Y es capaz de arrancar carcajadas entre niños y mayores. De origen francés, este payaso de 47 años siente un gran apego por España y reside desde hace tiempo en Castellón. El sábado estrenó en el teatro Lonbo Aretoa de Arrigorriaga su espectáculo 'Alarm', una historia bélica contada con una sonrisa. Lo hizo en el marco del XII Festival Internacional de clowns y payasos, que ha reunido esta semana en la localidad vizcaína a una quincena de los mejores artistas y compañías de clown del planeta.

-¿Pretende alarmar al respetable?

-Simplemente quiero que el público se ría, pero también que se estremezca con un tema tan duro como la guerra. No he querido ambientar el montaje en ningún conflicto en concreto porque todos son iguales de sangrientos.

-Ser un payaso, ¿le da a uno derecho reírse de todo?

-Siempre que no caiga en la burla fácil, yo creo que sí. Al final, lo que nosotros proponemos es mirar la realidad cotidiana con otro cristal. Si el mundo es gris, ¿por qué no verlo de color amarillo? Esta obra ha sido todo un reto porque no es fácil. En un momento estamos con la carcajada y al siguiente pensando: '¿pero de qué barbaridad me estoy riendo!'»

-Su anterior obra, 'Caravan', contaba la historia de muchos niños de Latinoamérica y de la escasez de recursos que sufren. ¿Utiliza el humor para la denuncia social?

-'Reír y llorar son las dos caras de la misma moneda', decía un alumno mío. El humor puede ayudar al público a abrir su corazón, a ablandarlo y, así, poder introducir mensajes de contenido social.

-La risa es universal.

-Sí. Al final, todo el mundo tiene necesidad de reírse, de descargar tensiones de ese modo. Quizá haya que tener cuidado con ciertas palabras o expresiones que en unos sitios pueden ofender por la cultura o religión que se practique. Yo he representado un espectáculo en Indonesia con el tsunami o en El Salvador tras una cruenta guerra y mi público se ha reído con los mismos chistes.

-¿Dónde ha encontrado más sentido del humor?

-En los países con pocos recursos se ríen más, tienen menos entretenimientos y, al final, valoran de otra manera la labor del payaso. Los países ricos tienen a su alcance tantas cosas materiales que cuesta más que entren en el juego. Nos hemos vuelto mucho más exigentes.

-Usted se llama a sí mismo payaso. Pero 'clown' suena más fino.

-Son dos figuras diferentes. El payaso es el bueno y el ingenuo, mientras que el clown es el que lleva la cara pintada de blanco, el líder que dirige a los demás. Es verdad que me considero payaso, aunque un poco caótico, no con ese punto de inocencia. A mi edad, muchas veces hago el papel de bufón, juego con la ironía.

-¿Le molesta escuchar 'payaso' como insulto?

-Muchísimo, me indigna. Esta figura se ha maltratado durante mucho tiempo y al final creas traumas en los niños. El otro día vi un libro titulado 'Payasos y monstruos' sobre dictadores africanos y me llevé un gran disgusto porque el payaso es el niño interior que todos llevamos y que hay que aprender a sacar.

La risa y los políticos

-Imparte cursos de clown. ¿No apto para vergonzosos?

-No, al contrario. El único requisito es tener ganas de explorar el mundo interior de cada uno. A mis cursos vienen maestros, cocineros, fontaneros...

-Inmersos en plena campaña electoral, ¿recomendaría una sesión a los políticos?

-¿Por qué no? Al final tenemos que darnos cuenta de que los políticos son personas, por encima de su profesión. Me encantaría poder impartir un curso a políticos y a personas que ejercen cargos con tanta presión, porque el autoconocimiento les vendrían muy bien y se reirían mucho.

-Ya se ríen unos de otros. La cuestión es que se rían de sí mismos.

-Reírse de uno mismo tiene su complicación. A mí a veces me cuesta. ¿Y eso que me dedico a ello! Los políticos están sometidos a críticas constantes y a que sus rivales digan 'mira qué payaso es éste'. Pues yo les diría: ¿por qué no serlo?, es muy sano y edificante para las personas.

 
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