Agrupaciones de ecologistas y ornitólogos denunciaron ayer «la situación de hambre sin precedentes» que viven las poblaciones de buitres leonados, alimoches, milanos y otras aves necrófagas tras el cierre del comedero de Carranza, «el único que había en casi 80 kilómetros a la redonda». La falta de carroña les afecta especialmente porque están en época de cría. «Los buitres adultos pueden estar varios días sin comer, pero los pollos deben ser alimentados diariamente. Esto les obliga a desplazarse y acercarse a las viviendas buscando desechos y animales muertos o en situación de inmovilidad», advierten.
Los ornitólogos de Lanius, Seo Birdlife y Sear (Sociedad para el Estudio de las Aves Rapaces), junto a los ecologistas de Izate, Ekologistak Martxan, Karrantza Naturala, WWF Adena/Bizkaia y el Fondo para la Protección de los Animales Salvajes (Fapas), se movilizaron desde el principio contra el cierre del muladar de Ordunte, pero ayer difundieron otro manifiesto de protesta para expresar su «preocupación». En el entorno del valle -Vizcaya, norte de Álava y Burgos y Este de Cantabria- se han registrado seis ataques en marzo, ocho en abril y siete en mayo, según los datos que manejan estos colectivos. Aunque creen que algunos pueden ser falsos «porque la mayor parte de las veces no se identifican con claridad y rigor», los naturalistas han constatado la presencia de buitres en zonas cada vez más cercanas a los caseríos «y a animales débiles y enfermos».
El número de incidentes «está creciendo e irá a más con el paso de los días, a medida que los pollos se hacen más grandes y requieren más alimento», auguran. En su opinión, se está creando «una atmósfera de odio al buitre» entre los ganaderos afectados que no responde a la realidad. «No es fácil que estas especies cambien de hábitos y, en cualquier caso, somos las personas y las instituciones las que les estaríamos obligando al privarles de sus fuentes de alimentación natural». Primero con la retirada del ganado muerto en el monte a raíz de la crisis de las 'vacas locas' y después, con el cierre del comedero de Ordunte el pasado mes de agosto.
Los naturalistas aseguran que «actualmente es posible el abandono de animales muertos sin correr riesgos sanitarios». En cuanto al muladar, critican la «cerrazón» de la Diputación, que deberá tomar una decisión definitiva dentro de dos meses. Ellos temen que la supresión de la buitrera «sea una artimaña para intentar reabrir el proyecto de la central eólica de Ordunte». Una iniciativa que la institución foral y el Gobierno vasco rechazaron por su impacto en una zona de gran riqueza natural, que cuenta entre sus valores con la presencia de especies rapaces y necrófagas.