Azkuna se estrenó como 'alcaldable' en 1999 con una imagen muy alejada de su estampa actual. En su primer debate con el resto de candidatos apareció con libreta y boli en ristre, tomando notas, como si fuera un primerizo. Y lo era en cuestiones municipales, aunque venía bien rodado de la consejería de Sanidad. Hoy al ilustrado Azkuna le basta con una frase para 'conectar' el turbo, sin mirar chuletas, bien de su propia cosecha o de su muestrario de citas, en las que Unamuno ocupa un lugar estelar. Esa afición por el mensaje que busca calar en la ciudadanía ha sido calificada de «demagógica» por la oposición, aunque también esta bancada se haya 'enganchado' al viejo rector de Salamanca.
Ganó su primer asalto a la Alcaldía, pero por una diferencia insuficiente para gobernar con comodidad. Y hubo inestabilidad, tanta que a veces la oposición llevaba la iniciativa desde un 'contrapoder en la sombra'. Todo cambió en 2003, las elecciones de su reválida. Pegó el tirón y gracias a un pacto con EB ha vivido un mandato sosegado desde la mayoría absoluta.
Dejó los discursos sobre política con mayúsculas -de las que fue prolífico, pese a costarle alguna reprobación en su militancia- y se centró en lo doméstico, con la ciudad como eje central. También ha vivido una transición personal tras confesar en 2003 que padecía cáncer, del que ha salido adelante a pie de obra con una entereza ejemplar.