Gaizka Gorosarri ejerce de embajador de las granjas-escuela vascas. Para este durangués, uno de sus principales atractivos es que «utilizamos el caserío como elemento y pretexto para trabajar, de forma que los chavales tienen opción de conocer cómo algunos de sus antepasados vivían y subsistían».
-¿Cuál es la finalidad de Euskal Herriko Baserri Eskolak?
-Nosotros nacemos con la finalidad de defender los intereses de las granjas-escuela de Euskadi. La idea es conseguir homogeneizar su funcionamiento, desarrollar proyectos en común y disponer de un único interlocutor ante las instituciones.
-Convénzame de las virtudes de una granja-escuela.
-Yo diría que es un equipamiento medioambiental único por varios motivos. Por un lado, nos permite conocer el valor que tienen los caseríos dentro de la configuración de nuestro medio ambiente, tanto desde el punto de vista paisajístico, como de conservación de nuestra riqueza. Por otro, nos muestra el funcionamiento de un caserío como unidad tradicional autónoma que subsiste de lo que produce. No nos olvidemos de que muchos de nuestros antepasados comían de lo que cultivaban o de lo que conseguían al intercambiar sus excedentes.
-Un niño que visite sus instalaciones podrá aprender a ordeñar vacas o plantar hortalizas.
-Sí, junto a muchas otras actividades de ocio. Nuestro propósito es ofrecerles un acercamiento positivo al mundo rural. Una especie de vuelta a los orígenes con la que tengan oportunidad de conocer el proceso de elaboración de productos no alterados químicamente y después comprobar la diferencia. Siempre digo lo mismo, pero un bizcocho hecho con huevos de la propia granja no sabe igual que uno comprado en la tienda. De ahí que también sea importante todo el trabajo que las instituciones vascas están llevando a cabo con las denominaciones de origen.
-Una filosofía que encaja con los productos ecológicos...
-Sí, la preocupación es creciente, y es importante que sea así. También hay mucha gente que en los últimos años ha optado por trasladarse de la ciudad al campo. Es una opción de vida muy valiente siempre y cuando lo hagan con conciencia y consciencia. Que tengan claro a dónde van, porque sería incoherente que se trasladaran al mundo rural y luego se quejaran de que huele a estiércol o hay ovejas en el camino.
-No siempre ha existido ese reconocimiento al mundo rural.
-Eso es verdad. El mundo rural ha estado muy minusvalorado socialmente. La imagen que tienen muchas personas que no lo conocen es la del pastor con el paraguas enganchado del pescuezo. Del Olentzero, ¿vamos! No se dan cuenta de que los baserritarras antes bajaban del campo en carro y ahora lo hacen en un 'Patrol'. Los avances y las nuevas tecnologías han llegado también a nuestros terrenos, y trabajamos con sistemas de gestión de calidad, como cualquier otra empresa. Mucha gente que nos visita se queda asustada con nuestros medios y eso nos enorgullece. Hay que prestigiar el mundo rural y nosotros contribuimos a dar ese toque de modernidad.