El día después se vivió de manera dispar en las sedes sociales de las formaciones que concurrieron a las elecciones municipales y forales del País Vasco. EL CORREO visitó ayer la casa del pueblo del barrio bilbaíno de Txurdinaga, un batzoki de Vitoria y la herriko taberna de Durango. Sensaciones diversas entre simpatizantes que afrontaron con «alegría» el aumento de apoyos, con autocrítica por el descenso de sufragios o con espíritu reivindicativo tras la resaca electoral.
CASA DEL PUEBLO
Txurdinaga (Bilbao)
Se abren puertas
La casa del pueblo de Txurdinaga era a media tarde de ayer un lugar tranquilo. Tres o cuatro parroquianos tomaban café, mientras otro grupo de militantes se reunía en la zona de oficinas para limpiar los restos de la 'batalla'. Nada que ver con una noche electoral en la que, «como casi siempre», corrió el champán para celebrar que los socialistas se confirmaron como la fuerza mayoritaria en el barrio y «como la segunda de Euskadi». Joaquín Colmenero, Amelia Quintana, Teófilo Calvarro y Luis Lupiañez fueron de los pocos que pasaron «la resaca electoral» en la sede social.
La noche fue larga. Hasta Teófilo, a sus 71 años, hizo una excepción para celebrar cada nuevo concejal y cada nuevo juntero que caía del lado socialista. «Me retiré a la 1.30 horas. Pero entre que llegué a casa, me tomé las pastillas, vi un poco la tele... cuando me metí en la cama eran las 2.30», detallaba sonriente. Afiliado al PSE-EE desde 1981, este veterano minero es de los que reivindica las siglas de Euskadiko Ezkerra, formación en la que se integró en 1977.
La figura de Ramón Rubial está muy presente en esta casa del pueblo. No es para menos, el local tiene el honor de ser «la única que él autorizó, en vida, a que llevara su nombre», desvela Joaquín Colmenero. Con 52 años, este bombero no podía ocultar su satisfacción. «El panorama que se presenta es bueno. Se abren las puertas a que el PNV pierda la hegemonía», vaticina. Sus palabras son refrendadas por la joven del grupo: Amalia Quintana, de 27 años. Para ella, que con sólo 14 años ingresó en las Juventudes Socialistas, «es sano que las cosas cambien y haya alternancia en el poder».
Luis Lupiañez les ayuda a ordenar carpetas y retirar los carteles de propaganda. A él, con carné del partido desde 1993, sus compromisos familiares le impidieron acercarse a la casa del pueblo por la mañana. «Tengo un hijo pequeño y he estado conciliando», confiesa este socialista de 40 años, que ve con optimismo los resultados que ha dejado la cita electoral en el 'saco' socialista.
BATZOKI
Vitoria
Trabajar más
Dirigentes de todas las formaciones políticas podrían aprender autocrítica de sus bases. Ayer era un día nublado para los militantes del PNV, que mascaban el severo retroceso de su partido en Álava y Guipúzcoa acodados en la barra o sentados a una mesa. Sin que se pusieran previamente de acuerdo, algunos diagnosticaron el mismo mal que pinta las caras a sus líderes. «Hay que trabajar más».
Lo decía Óscar Basabea que entraba a mediodía a tomar el tinto con su amigo Javi en un batzoki con solera de Vitoria. Basabea, un tipo jovial y conversador, enseñó a bailar danzas vascas a Xabier Agirre, candidato a diputado general de Álava. «No se trabaja lo suficiente, hay que captar más entre las bases. Que aquí -por Vitoria- tenga el PP los resultados que ha tenido con lo que ha hecho el alcalde...».
Basabea reconoce abiertamente que Álava es una plaza «complicada» para el nacionalismo, más con la división PNV-EA. «EA no ha sacado nada y nosotros hemos perdido un montón de votos». Para pactar no tiene dudas, los socialistas. «Yo, con el PP, nada de nada. Es demasiado derecha».
La polémica surge entre los militantes cuando se les pregunta sobre la dicotomía Imaz-Egibar. Basabea se queda con Josu Jon «porque el otro es demasiado radical», aunque reconoce que Egibar podría haber mejorado los resultados en Guipúzcoa. Alberto Zabaleta, natural de Arrigorriaga, apuesta por el delfín de Arzalluz. «Creo que dentro del partido debía haber salido él. Su forma de ser cuadra más con la del partido que la de Josu Jon. Además, Egibar ha sido discípulo de Xabier y eso va a misa».
Por ejemplo, las declaraciones de Imaz hace unos días, una especie de guiño al PP, no les gustaron «nada». De todos modos, Zabaleta no se fía de las «últimas tiranteces» entre populares y socialistas. «Yo creo que volverán a las andadas». El encargado de atender la barra admite que «el partido no es tan fuerte en Álava», recomienda «trabajar un poco más» y considera «preocupante» el descenso en Guipúzcoa. Lo de San Sebastián no le sorprende. «Odón tiene mucho carisma, como tenía aquí Cuerda».
HERRIKO TABERNA
Durango
Un día redondo
Un panel a la entrada de la herriko taberna de Durango evidenciaba ayer por la mañana los buenos réditos de la izquierda abertzale en la villa. «El proyecto ha recibido un impulso muy fuerte aquí. Ha sido un despegue total de ANV», aseguraba pletórico Oier Pérez, quien a sus 23 años encabeza el segundo grupo en la nueva Corporación. El local permanecía en calma tras una noche de celebraciones. «El teléfono echaba chispas. La noche electoral se vivió con gran euforia mientras nos iban llegando los excelentes resultados. Al final, el Athletic ganó y también ANV. Fue un día redondo», señalaba.
Uno de los clientes matizaba que los comicios han demostrado que «la gente confía en el proceso de paz abierto por la izquierda abertzale y apuestan por ese camino. Que a nadie le quede la duda de que esto es así y el PNV deberá reflexionar al respecto». Otro de los presentes aprovechaba para mirar en el periódico los resultados obtenidos en otros municipios. «Nos hemos hecho con las alcaldías en Arrasate, Hernani, Pasajes y Oiartzun, además de Elorrio, Izurtza y Atxondo», desgranaba orgulloso.
Allí también estaba Dabid Cobos, cabeza de lista de ANV en Atxondo, localidad en la que la formación también ha conseguido arrebatar la Alcaldía al PNV. «Aunque con cuatro concejales nos dábamos, como se dice, con un canto en los dientes, al final hemos superado las expectativas y hemos sacado cinco», aseguraba eufórico el joven abogado.