Viernes, 1 de junio de 2007
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«Reducimos la brecha digital y reciclamos un material contaminante»
Ramon Barrenetxea participa en Reciclanet, una entidad creada hace siete años en Bilbao para recoger y enviar a países del Sur material informático obsoleto «Los proveedores deberían de correr con los gastos de recuperación», opina
«Reducimos la brecha digital y reciclamos un material contaminante»
PUESTA A PUNTO. Ramón Barremetxea, a la derecha, con dos voluntarios de Reciclanet. / MITXEL ATRIO
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Demandaban a las empresas papel usado para reciclar y las firmas les ofrecían también sus equipos informáticos ya obsoletos. Eran cuatro personas de Bilbao ligadas al mundo de la cooperación al desarrollo y sin grandes conocimientos en informática, pero pronto se dieron cuenta de que aquel material desechado podía servir perfectamente en el Tercer Mundo. Con tal objetivo, crearon Reciclanet hace siete años. Ramón Barrenetxea, uno de sus promotores, recuerda los inicios. «Los recogíamos, los revisábamos y los mandábamos por nuestra cuenta».

Más tarde, colaboraron con proyectos específicos y también apostaron por la introducción del software libre. El sistema Linux era susceptible de implantarse con éxito en ordenadores no muy potentes, aquellos que iban a ser reutilizados. «Así enlazábamos la solidaridad con un presupuesto ecologista, puesto que evitábamos que acabaran en vertederos».

Reducir la brecha digital

De esa manera se podía facilitar el empleo de las nuevas tecnologías a grandes sectores de la población en Latinoamérica, donde sólo resultan accesibles para la clase media en adelante. Gracias a este medio, se permitía el recurso de Internet e, incluso, abordar tareas de programación. «Esto también incide en el desarrollo económico y reduce la brecha digital, el abismo entre el Norte y el Sur en lo que respecta a la ciencia».

Frente a este presupuesto existía una realidad complicada, repleta de inconvenientes. Los contenedores se extravían en los vericuetos aduaneros y, a menudo, los países receptores carecen de algo tan primordial como una infraestructura eléctrica imprescindible para el funcionamiento de estos aparatos. De ahí que para un próximo envío al Estado mexicano de Chiapas se planteen el acceso a satélite, redes wifi o energía solar.

Asimismo, se precisa de alguien formado que asesore a los beneficiarios. «Siempre buscamos algún colectivo de software libre que los ayude e incorporamos soporte escrito».

Pero el mayor problema proviene de la recepción inicial de suministros. «La donación es un arma de doble filo», afirma Barrenetxea. «Es un proceso más complejo de lo que parece».

La puesta a punto requiere costosas tareas de transporte, almacenamiento y configuración de sistemas. «Las empresas que donan quieren que se los lleves con un coste cero, que te deshagas de unos bienes que les resultan inservibles, pero sin asumir ningún tipo de conciencia al respecto».

Correr con los gastos

A juicio de Barrenetxea, lo ideal sería que los proveedores de este material proporcionaran los recursos en condiciones debidas, hacerlos llegar hasta el almacén de la entidad e informarse sobre su utilidad última. «Al menos, habrían de correr con los gastos que conlleva la recuperación, porque su desecho es contaminante, y todos estamos de acuerdo en que debemos responsabilizarnos de su tratamiento», añade. «Prevalece la idea de que se regala y se hace un bien, pero el benefactor también se libra de algo que supone una carga».

Entre los elementos que reciben hay aparatos sin disco duro o impresoras que exigen cartuchos de tinta muy onerosos. «Si no nos sirve a nosotros, imagina en Guatemala. Y sin embargo, quieren que nos llevemos todo, sirva o no», lamenta.

Trabajan con voluntarios, «pero ni son magos ni su tiempo es ilimitado». Reciclanet se autofinancia y entre las vías que plantea para sostener sus actividades se halla la realización de cursos o el abastecimiento de ordenadores, a precios muy reducidos, a asociaciones locales y personas con escasos medios.

Esta distribución también permite reducir el volumen de los stocks. «Pero aquí nos encontramos con otro conflicto», plantea Barrenetxea. «Hay quien se escandaliza porque supone que haces negocio con algo que te han regalado. ¿Cuál es la alternativa? ¿Tirarlos? No se entiende que hablamos de una labor social beneficiosa para toda la comunidad».

 
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