Miércoles, 6 de junio de 2007
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SOCIEDAD

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«África no debe vivir con la mano extendida»
Un grupo de activistas africanos visita el País Vasco para 'copiar' fórmulas que aplicar en sus países
«África no debe vivir con la mano    extendida»
DESCUBRIMIENTOS. Los líderes africanos visitaron la granja escuela de Arkaute, donde aprendieron de los sistemas agrícolas y ganaderos del País Vasco. / JESÚS ANDRADE
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El mismo día en que ETA anunciaba que un puñado de vascos vuelven a coger las armas para matar a sus conciudadanos, un puñado de líderes e intelectuales africanos visitaba Euskadi para conocer cómo funciona un pueblo civilizado y poder 'copiar' así fórmulas de gobernación válidas que acaben con situaciones similares en sus propios países. «Absolutamente sorprendidos» estaban de que en un sitio «tan desarrollado exista un grupo que continúa por la vía del terrorismo, después de conocer varias de sus instituciones y comprobar las posibilidades que ellas ofrecen. Desde mi visión de África, digo que la violencia no es el camino». Así hablaba ayer en Leioa Patrick Loch Otieno Lumumba, jurista y profesor de Derechos Humanos de Kenia.

Los siete africanos se encontraron con esta curiosa situación durante una visita promovida por Pax Romana -organización internacional creada en 1921 que agrupa a intelectuales católicos de 80 países- y financiada por la Secretaría General de Acción Exterior del Gobierno vasco. Ellos son el futuro del continente negro, buscadores de 'tesoros', o lo que es lo mismo, de un buen truco que haga desaparecer de nuestros periódicos y televisiones esas imágenes de sus niños muriéndose de hambre o de sida o de malaria o de guerra...; de sus amigos llegando a nuestras playas exhaustos o algo peor; de sus mujeres lapidadas en la plaza del pueblo... Ellos también han vivido su drama, pero tuvieron la suerte de poder prepararse profesionalmente para dedicar su vida a defender los Derechos Humanos de sus gentes y sacar a África del pozo en que se encuentra. Por eso, pudiendo emigrar, siguen viviendo con los suyos. Y son optimistas. «Vamos a lograr en 5 años lo de 50», aseguran.

ABLACIÓN GENITAL Y EE UU

Entre ellos hay una mujer somalí de 27 años, Najma Ahmed Abdi, responsable de una asociación de líderes juveniles y defensora de los derechos de las mujeres y los niños de su país, donde el 99% de las pequeñas sufren la mutilación de su clítoris. «Yo tenía 7 años cuando le puse un cuchillo entre las manos a mi abuela para que me practicara la ablación. Ella no quería hacerlo, siempre me decía 'mañana, mañana'. Mis padres estaban fuera del país y no son partidarios de esta práctica, estoy muy orgullosa de ellos, pero las niñas no querían jugar conmigo, decían que estaba sucia. Así que se vio obligada a hacerlo».

Najma, que pudo estudiar en Londres y ahora vive en Mogadiscio, vivió uno de los dramas que millones de musulmanas padecen a diario. Porque la igualdad es, desde luego, una asignatura pendiente en África. «La mutilación genital arruinó mi vida. Soy incapaz de pensar en tener una relación con un hombre. Sufrimos de por vida hasta el día que morimos. Yo pasé por ello y ahora tengo más fuerza para luchar. No me escuchan tanto como desearía, nosotras no tenemos voz, y me siento muy sola. Incluso las mujeres me miran como una mala influencia. Cada día es un reto para mí, cada día tengo amenazas».

Pero ha elegido luchar. Estos días en el País Vasco se ha fijado en cómo funcionan los centros culturales. «Si tuviera algo así en Somalia podría sacar de la calle a los jóvenes que están luchando con armas contra los etíopes que cruzan nuestras fronteras alentados por EE UU, un país que nos acusa de ser terroristas. Y me ayudaría a proporcionar a las mujeres la educación que necesitan para pelear por la igualdad».

UNIÓN AFRICANA: LA JOVEN UE

El abogado keniano Patrick Loch Otieno Lumumba encontró aquí la «utilidad al valor de la identidad nacional»: «Es importante ver que se ha logrado la unidad en la diversidad, es decir, que existe una identidad en el ámbito vasco, en el español y también en el europeo, y que esto no resulta conflictivo, salvo la excepción que conocemos. Está claro que ha influido mucho en el nivel de desarrollo de la región». Patrick es el promotor de una fundación que busca ayudas para programas de salud y de educación y a la que aporta el 10% de sus ganancias: «No hace falta ser rico para ayudar. Nuestra fundación es la única de África del Este que no recibe ayudas exteriores. África es conocida por vivir con la mano extendida y no debe ser así. Tenemos que hablar de colaboración, no de donantes y receptores».

Por eso todos ellos apuestan por la Unión Africana, una especie de equivalente de la Unión Europea pero más joven. En ello confía el presidente de Pax Romana Internacional, Jean Nsonjiba Lokenga, de la República Democrática de Congo: «Se están empezando a conseguir éxitos en situaciones de conflicto. Un hombre normal dentro de la Unión Africana debería ser poseedor de una identidad. Las políticas que se adoptan en Bruselas afectan a cualquier ciudadano de Europa y eso es lo que debería pasar con África».

CORRUPCIÓN: SIDA Y POBREZA

¿Quizás llegó la hora de dejar de echarle la culpa al colonialismo? El congoleño Jean dice que hay una lección importante que ha aprendido en este viaje: «Hay que apreciar el papel de la Historia. Parar de hablar del colonialismo es parar de hablar de la Historia, pero tampoco podemos estar sienpre acordándonos de eso». Y el keniano Patrick añade que «no debe ser utilizada como excusa, sino como razón».

Detrás de muchos de los problemas actuales del continente negro se encuentra una palabra: corrupción. Una lacra que fomenta la pobreza e imposibilita luchar contra enfermedades como el sida, que están devastando el continente. Así lo ve Patrick: «Es lo mismo de siempre, el uso que de los recursos hacen los gobiernos africanos, que no los emplean precisamente en mejorar la vida de la gente. Los mismos recursos que deberían utilizarse también en combatir males como el sida a través de la prevención».

Jean, que además de presidente de Pax Romana trabaja para la ONU en Sudán, sabe bien lo que eso significa. En los 90 fue amenazado de muerte por ofrecer formación a estudiantes. La República Democrática de Congo se llamaba entonces Zaire y estaba gobernado por Mobutu, que guardaba en bancos suizos 4.000 millones de dólares, una suma equivalente a la deuda externa del país en 1984: «Tenemos que conseguir que los mecanismos de control de los recursos estén cerca de la gente. Por eso confiamos en una descentralización como la de aquí, con unos gobiernos central, autonómico y local. En África, los gobiernos están demasiado lejos de la gente, y eso se lo pone más fácil a los corruptos».

 
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