Miércoles, 6 de junio de 2007
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De Bruselas a Leioa, vía Madrid
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La visita promovida por la organización Pax Romana incluía más destinos que Euskadi. Los siete líderes africanos pudieron llevarse una completa información de lo que significan las competencias de cada una de las instituciones que manejan la vida de los vascos y las relaciones entre ellas. Para ello, viajaron desde sus respectivos países a Bruselas, donde conocieron el funcionamiento del Parlamento de la UE, y, más en concreto, la Comisión y el Consejo Europeo. Después volaron a Madrid, donde se acercaron al Senado, al Tribunal Constitucional y al Ministerio de Relaciones Exteriores. Y ya en el País Vasco, estuvieron en las Juntas Generales de Gernika, en el Gobierno y el Parlamento, en la Diputación de Vizcaya, el Ayuntamiento de Leioa y la UPV.

Paúl Ortega, secretario general de esta organización, resalta que «más que tratar de copiar lo que hay en Europa, intentan ver su propia realidad descubriendo otras. Traen una capacidad increíble de aprender, intentan coger cosas de aquí para aplicarlas allí en la medida de lo posible». Le ha llamado la atención «su gran nivel intelectual y cómo traen otro discurso de lo que son los países africanos. Me sorprende la lectura tan sosegada y tan comprometida que hacen de todos sus problemas y cómo tratan de dar otra visión distinta a la tradicional. Hay algo más que las fotos de hambruna, de conflictos duros, de guerras...».

Fuga de cerebros

O de inmigrantes. Y no sólo los de los cayucos. El jurista keniano Patrick Loch Otieno Lumumba aporta otra visión sobre este aspecto: «Nuestros gobiernos deberían preocuparse mucho por la fuga de cerebros que se está dando. África no se va a desarrollar si sus mejores hombres salen del continente». Opina, sin embargo, que el movimiento de trabajadores fruto de la globalización va a ocurrir de igual modo y hay que encontrar soluciones a corto y a largo plazo. «A corto, se trata de verlo con una perspectiva humanitaria, y a largo, los gobiernos africanos tendrán que aceptar su responsabilidad».

Es por eso que los siete activistas que estos días han contemplado nuestro modo de vida siguen viviendo en sus países, pese a poder hacerlo en zonas más tranquilas que, por ejemplo, Mogadiscio. «Saben que allí les necesitan -explica Ortega- y no van a abandonar a su gente». Y lo corrobora la somalí Najma Ahmed Abdi: «Allí tengo a mis hermanas de 14 y 7 años, y a miles de niñas como ellas. Así que aunque me cueste dar el último respiro, yo seguiré allí».

 
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