«Las ventas de mi negocio están disminuyendo. Cuando hablo con los clientes, me comentan que les da miedo pasar por la calle San Francisco porque temen ser robados o agredidos. He sufrido amenazas e insultos que me han provocado una depresión».
«Me han robado 14 veces y me da miedo denunciar por las posibles represalias. Están día y noche en la entrada de mi negocio, controlando si los clientes me pagan o me dejan de pagar. Una vez llamé a la Ertzaintza y al día siguiente me rompieron todos los cristales de la tienda. Sólo pido que haya más guardias en la zona para evitar robos y problemas con los compradores».
«No dejan circular a la gente por la calle San Francisco. Las aceras se llenan todas las tardes de jóvenes magrebíes que pasan drogas. Además, si pueden robar a alguien, lo hacen. Solicito que haya más policías para vigilar a estas personas».
«Droga, peleas y discusiones es lo que veo a diario en la puerta de mi negocio. Muchas veces encuentro jeringuillas, porque hay un consumo descarado a plena luz del día».
«Cada vez hay más droga y los atracos van en aumento en Zabala. Hay gente durmiendo en el suelo y los robos a comerciantes y peatones se incrementan.»
«Estamos preocupados porque muchos clientes nos comentan que tienen miedo de venir a pie a nuestro restaurante. Ese miedo viene motivado por los robos, peleas y consumo de drogas en la vía pública. Incluso se pinchan en las puertas del propio establecimiento».
«Da miedo pasar por la calle San Francisco. Hay muchísima gente en las aceras, que bebe y consume drogas, y la sensación de inseguridad es muy grande».
«Pandillas de magrebíes ocupan las aceras del barrio e impiden el paso a los transeúntes. Además, amenazan, molestan y roban al descuido. Muchos de mis clientes se han quejado y algunos no han vuelto por miedo e inseguridad».
«Hay una total impunidad con la gente que vende drogas en plena calle. Todos conocemos los locales en los que se refugian los traficantes, pero las autoridades no hacen nada para cerrarlos. Los vecinos tienen miedo de entrar en sus casas, porque les insultan y agreden».
«Hay gente pinchándose a diario en la calle Bailén. La situación, en lugar de mejorar, va cada vez a peor. Delante de nuestra oficina se trafica con drogas y el ambiente que hay asusta a los clientes».
«Agreden a las alumnas que van a un centro de Formación Profesional situado en la calle Bailén. Cuando las chicas tienen descanso, salen a fumarse un cigarro y se encuentran con gente ensangrentada, defecando, que les molesta y coacciona».