Domingo, 10 de junio de 2007
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La ruptura de la tregua enfría el plan del PSE para desplazar al PNV en los pactos
La necesidad de mantener una buena sintonía con la formación jeltzale complica sus pactos con EA y EB
La ruptura de la tregua enfría el plan del PSE para desplazar al PNV en los pactos
ENCUENTRO. Los socialistas Rodolfo Ares y Patxi López saludan a los peneuvistas Josu Jon Imaz e Iñigo Urkullu. / IGNACIO PÉREZ
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La decisión de ETA de romper el alto el fuego ha enfriado la estrategia de pactos diseñada por el PSE-EE para gobernar los ayuntamientos y diputaciones vascas. Los acuerdos de progreso que buscaban los socialistas vascos para desbancar al PNV de las principales instituciones chocan con la necesidad de mantener una buena sintonía con la formación jeltzale una vez que la banda terrorista ha optado por retomar de manera oficial las armas. Una alianza que, en todo caso, es vista con recelos por el sector peneuvista más próximo a Joseba Egibar -partidario de fraguar tripartitos con Eusko Alkartasuna y Ezker Batua- y en EA, formación en la que esta posibilidad está generando fuertes debates internos.

El partido liderado por Patxi López había concebido las elecciones del pasado 27-M como la primera etapa de una carrera cuya meta final se sitúa dentro de dos años, cuando se celebren los comicios autonómicos. Para poder desalojar al PNV de Ajuria Enea, los socialistas consideraban imprescindible reforzar su presencia municipal y foral. Los resultados fueron mejor de lo esperado, sobre todo, en Guipúzcoa, donde sorpresivamente se convirtieron en la lista más votada, y en Vitoria, ciudad en la que también ocuparon el primer puesto.

Convencidos de su fortaleza y de encontrarse en una situación inmejorable para impulsar sus planes, los dirigentes del PSE-EE lanzaron su 'órdago': sin descartar ninguna opción, señalaron que la mejor fórmula para liderar ayuntamientos y diputaciones era impulsar «acuerdos de progreso» con Eusko Alkartasuna y Ezker Batua. En definitiva, presentarse como alternativa real de gobierno, marcar distancias con el PNV e intentar abrir una brecha en las relaciones entre los tres socios del Ejecutivo autónomo.

Pero la ruptura de la tregua complica este diseño. Fuentes del Partido Socialista consideran que el nuevo escenario obliga a replantearse esta estrategia. «Es complicado empezar a diseñar nuevas alianzas y aventuras con ETA matando gente. Quizás no sea el mejor momento para poner distancias con el PNV», afirma un miembro del PSE-EE.

Desde la llegada de Josu Jon Imaz a la presidencia del EBB, la formación jeltzale ha mantenido una gran sintonía con los socialistas vascos y el PSOE en su conjunto. El propio presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, ha alabado publicamente el papel de Imaz durante el proceso de paz. Para algunos sectores del partido, buscar el enfrentamiento con los peneuvistas en estos momentos sería contraproducente, por lo que habría que «modular» el discurso a la hora de insistir en pactos con EA y EB.

En todo caso, esta opinión no cuenta con el respaldo de la mayoría del PSE-EE. Buena parte de los responsables del partido consideran fundamental separar los dos ámbitos. A su juicio, es necesario mantener una buena relación con el PNV en materia de pacificación y para abordar una reforma estatutaria «porque es uno de los partidos fundamentales de este país. Pero eso no significa que tenga bula para gobernar».

Interferencias

Para muchos dirigentes, aliarse de nuevo con los peneuvistas «borraría cualquier opción de llegar a Ajuria Enea en 2009». En este sentido, desde la dirección del PSE-EE se es tajante: «No se van a volver a repetir los acuerdos globales con el PNV que se establecieron hace varios años. Que todo el mundo se olvide ello. Otra cuestión es que se puedan alcanzar pactos puntuales en algunos sitios». Para los defensores de esta política, intentar desbancar al PNV del poder tampoco tiene por qué perjudicar a Zapatero.

El presidente del Gobierno ha convertido a los jeltzales en uno de sus socios preferentes. Una relación que en los últimos años ha provocado ciertas 'interferencias' entre el PSOE y el PSE. El apoyo de los socialistas vascos a los Presuspuestos del Gobierno de Ibarretxe o la polémica surgida hace dos años cuando los nacionalistas intentaron reelegir a Juan María Atutxa como presidente del Parlamento son dos ejemplos de cuestiones que han tenido que ser solucionadas con mucho diálogo entre la dirección liderada por López y la ejecutiva federal.

Esta nueva política de pactos diseñada por el PSE-EE también ha sido discutida con La Moncloa. Según algunas fuentes, Zapatero habría mostrado algunas reticencias y abogado por mantener la unidad con el PNV, algo a lo que se habrían negado los socialistas vascos. «Tenemos un gran margen de maniobra, pero está claro que somos parte de un partido, que es el PSOE», afirma un miembro del PSE, quien, en todo caso, pone a Cataluña como ejemplo de lo que puede ocurrir: Montilla pacta con ERC, pero en Madrid hay una total sintonía con CiU. «Supongo que para el PSOE también será interesante tener un lehendakari socialista, o por lo menos intentarlo», afirma.

Asimismo, se subraya que «aunque nosotros quisiésemos» pactar con el PNV, «dudo que lo podríamos hacer». La dirección jeltzale en Guipúzcoa está liderada por Joseba Egibar, partidario de trasladar el tripartito vasco al resto de las instituciones, tal y como él mismo manifestó ayer de forma pública en rueda de prensa.

Pero más allá de la decisión adoptada por ETA, hay otros obstáculos que ponen en entredicho la estrategia del PSE-EE. El llamamiento de los socialistas a EA para suscribir ese pacto de progreso está generando un fuerte debate interno en el seno de esta formación. El sector afín a la presidenta, Begoña Errazti, aboga claramente por aliarse con el PNV ante la «complicada» situación creada tras la ruptura de la tregua. Esta entente abertzale habría sido ratificada esta misma semana por la asamblea nacional del partido. Sin embargo, la dirección de Guipúzcoa -territorio donde ese 'pacto a la catalana' podría ser más visible- recalca que «todas las vías siguen abiertas» y no descarta un pacto transversal que convierta al socialista Miguel Buen en Diputado General.

La batalla por Guipúzcoa fue planteada por los socialistas conscientes de las pocas posibilidades que tenían de ganarla a pesar de ser la fuerza más votada y convencidos de que lo más factible era un pacto PNV-EA. «Errazti puede decir ahora que es por la vuelta de ETA, pero ella apostó por pactos entre nacionalistas desde el principio», se apunta desde el PSE.

Más abierto está el escenario en Álava. «Las conversaciones aún están muy verdes», se recalca. Todas las opciones son posibles, aunque una alianza PSE-PNV también se antoja muy complicada dado que Iñaki Gerenabarrena, presidente del Araba buru batzar, es afín a Egibar. Si PNV-EA-EB quieren formar un tripartito como el de Ibarretxe, los números se lo ponen muy difícil: sólo suman 18 junteros, frente a los 29 del PP (15) y PSE (14), las dos fuerzas más votadas.

Un pacto entre populares y socialistas no resulta más sencillo debido a las malas relaciones existentes entre las dos formaciones. En todo caso, no se descarta que acuerden apoyarse mutuamente en el Ayuntamiento de Vitoria y en la Diputación. Para completar el puzzle, cabría la posibilidad de una alianza entre PSE, EA y EB.

«Estamos ante una partida de ajedrez en la que cada uno está moviendo sus peones», explica gráficamente un militante del PSE. Las negociaciones van para largo, ya que mientras los alcaldes se eligen el próximo sábado, los nombramientos de los diputados generales se pueden retrasar hasta mediados de julio. A nivel municipal, parece que en la mayoría de los casos se respetará el criterio de la lista más votada.

 
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