Domingo, 10 de junio de 2007
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VIZCAYA

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Directivos con empatía
Altos ejecutivos de empresas vizcaínas reciben un curso para «conectar» con sus empleados y enriquecer su vida profesional
Directivos con empatía
GIMNASIO. Andoni, Arrate, Javier y Aitor realizan por parejas un ejercicio de guía y confianza en el otro. / BORJA AGUDO
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Si antes se valoraba en un directivo sobre todo la frialdad y la ausencia de sentimientos, en la actualidad ha quedado demostrado que cuando aplican la emoción en el trabajo mejoran su productividad. «La empresa que no lo haga está abocada a la mediocridad», advierte Alejandro Lasa, socio-fundador de Adur, el gabinete psicológico bilbaíno que ha patentado el método conocido como 'Emotional Gym'. Consiste en entrenar el «cerebro emocional» en una especie de gimnasio para así poder conjugar «el bienestar personal y el rendimiento profesional». El taller está dirigido a ejecutivos con altas capacidades técnicas, que en su formación han descuidado, sin embargo, sus capacidades emocionales.

EL CORREO asistió a una de estas sesiones, en la sede de Adur en Deusto, en las que participaban cuatro directivos, entre ellos un jefe de línea del metro, un arquitecto y los directores y administradores generales de dos grandes firmas vizcaínas. El curso se desarrolla en un gran salón, diáfano, con techos altos y moqueta. Los asistentes deben vestir chandal y camiseta y no llevan calzado, sólo calcetines. El 'Emotional Gym' dista mucho del tradicional curso de formación teórica en el que se ofrece la información con «powerpoint» y se suelta la «charleta». Se divide en dos módulos, que se imparten en dos días cada uno, y posteriormente, cada tres meses, repiten un «reciclaje». «Es como si Ronaldo se hubiera conformado con el fútbol que aprendió en las playas brasileñas y su capacidad innata, y no hubiera seguido entrenándose», ejemplifica Lasa.

Los directivos realizan ejercicios, «acciones-metáfora», en las que interpretan situaciones laborales cotidianas y después intentan corregirlas. Las conductas «corporeizadas» quedan grabadas en el cerebro emocional para en el futuro surjan de forma inconsciente. «Un golfista cuando pega el golpe ya sabe si la pelota va a entrar». Trabajan la mirada, los gestos, la forma de hablar, de caminar... Para todos supuso una experiencia novedosa.

Aitor Fernández, del estudio de arquitectura Oneka, valora positivamente la experiencia. «Ahora disfruto más trabajando, me motiva y creo que tiene un gran potencial de mejora». Más escéptico se mostraba inicialmente Javier Loroño, administrador general de Lointek, fabricante de bienes de equipo. «Al principio no creía en estas cosas; mi hermano me empujó a venir».

Para el jefe de línea del metro de Bilbao Andoni Hueso, «lo importante es detenerte a reflexionar cómo mejorar en el trato con las personas. El día a día te come, nos cargamos de tareas, de responsabilidades, si te paras dos minutos a pensar en la emoción que te reporta es un gran cambio». La única mujer del grupo, Arrate Bilbao, directora general del grupo Kondia, de máquina-herramienta, sabe «mandar», pero, para ella, el reto está en «conseguir que la gente se implique y transmitirle ilusión. 'Es lo mejor que sé hacer' no puede ser la frase final. Si te entrenas, mejoras».

El 90% de la actividad de un directivo consiste en «emitir», en tomar la iniciativa, y el resto en pensar cómo hacerlo. «Jamás podrás conectar con el otro si no le das ni vez para que intervenga, si no le valoras», instruye Lasa. Para enfocar esa superación, Adur potencia cuatro capacidades que repercutirán en la gestión y el liderazgo de la empresa: «el autocontrol, lograr más decidiendo, valor y valentía (los miedos) y llegar a influir».

 
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