Domingo, 10 de junio de 2007
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La noche de Bilbao languidece
Las exigencias de la normativa municipal sobre distancias y horarios y la crisis del sector hacen que cada vez se estrenen menos locales Sólo tres pubs pidieron licencia de apertura en 2006 y ninguno es nuevo
La noche de Bilbao languidece
CONSUMICIONES. La camarera del pub Cab, en la zona de Indautxu, pone una copa a un cliente. / BORJA AGUDO
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El Ayuntamiento de Bilbao concedió en 2006 sólo tres licencias para la apertura de pubs en Bilbao. Ninguno de ellos es nuevo, ya que en los tres casos se trata de locales reformados o traspasados. La cifra es significativa y demuestra que la vida nocturna en la ciudad no pasa por un buen momento. Las exigencias de la normativa municipal en cuanto a distancias y horarios, unidas a la crisis que vive el sector, hacen que cada vez sean menos los establecimientos que se lanzan al mercado.

La legislación de la capital vizcaína es radical en lo que respecta a la puesta en marcha de bares de categoría especial. Bajo este calificativo se engloban todos aquellos locales de copas cuyo horario de cierre se extiende hasta las 3.30 horas. Es decir, los pubs. Desde 2001, en la zona centro de la ciudad es imposible abrir uno, no porque esté prohibido como tal, sino porque «la normativa establece que entre dos locales de este tipo debe haber 200 metros de distancia radial (a la redonda), lo que en la práctica hace inviable establecer espacios nuevos», advierte Ángel Gago, presidente de la Asociación de Hostelería de Vizcaya.

Lo cierto es que los hosteleros coinciden en que la noche bilbaína languidece. Unos señalan como culpable a la normativa y otros a la crisis que hace que, quien más quien menos, tenga que ajustarse el cinturón. «Ya no hay para copas», reconoce el encargado del pub Cab, ubicado en calle Doctor Areilza. El local funciona desde 1987, pero una reforma integral acometida el año pasado lo hace figurar como uno de los nuevos. La prueba de que los clientes ya no acuden como antes a disfrutar de la noche bilbaína es el ambiente de los jueves. Hace menos de una década, ese día se conocía como 'el del estudiante'. Pozas y aledaños eran entonces un lugar de bullicio. Ahora, «los jueves están muertos», reconoce el hostelero quien además augura que «los viernes también morirán».

Algo parecido piensa el responsable del Sen Café, reformado totalmente en 2006 y ubicado en la calle Cosme Etxebarrieta, al lado de Mazarredo. «Aquí los jueves no hay nada y los viernes, muy poco. Hay algunos que cuando haces caja sólo sumas 70 euros», detalla el empresario. Así las cosas, los sábados se han convertido en el único refugio para aquellos que quieren tomar una copa. De hecho, el Sen concentra sus esperanzas de negocio en esa única noche y en unas pocas horas.

«Multazos»

«La gente no llega hasta después de la 1.30 horas. Teniendo en cuenta que el Ayuntamiento me obliga a cerrar a las 3.30, pues no me queda mucho tiempo», lamenta el propietario, al que sólo hace falta mencionarle sucintamente la normativa municipal para destapar la caja de los truenos. «Queremos ser una capital de servicios, pero cerramos cada vez antes. Hay cafés-teatro que tienen permiso hasta las siete y hacen lo mismo que nosotros. No lo entiendo. Eso sí, si me paso dos minutos de la hora de bajar la persiana, multazo que me cae», censura.

En la calle Astarloa se sitúa el tercer pub que se estrenó oficialmente el año pasado, aunque sus puertas se abrieron al público a finales de 2005. Uno de sus responsables coincide totalmente con sus otros dos colegas y lamenta que los horarios de cierre no sean libres, «como pasa en Madrid y Barcelona».

«El futuro pasa por rentabilizar el horario, pero lo veo negro porque la normativa en ese aspecto nos oprime mucho. No entiendo por qué se determina la hora a la que la gente tiene que irse a casa», resume el encargado del Cab. Él es el único de los tres que no ve con malos ojos que la normativa municipal permita rescindir la concesión de licencias. «Eso revaloriza la mía y así hay menos competencia. Tal como están las cosas, no hay clientes para todos», resume con pragmatismo.

 
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