El 22 de noviembre Sebastián Palomo cumplirá 30 años. Licenciado en Empresariales y Derecho, el hijo de maestro Palomo Linares abandonó su despacho de abogado por los ruedos. Maduro como hombre, Sebastián cuaja como torero a dos meses vista de su alternativa en Pontevedra. El viernes actuará mano a mano en Bilbao junto a Ángel Teruel, novillero dinástico con el que comparte lugar de nacimiento, apoderados, ser hijo de figura del toreo y haber debutado con caballos en la primavera de 2006. Ambos tomarán la alternativa este verano. Demasiadas coincidencias.
-Alcanzada la barrera de los veintitantos, debutó como novillero con caballos en la primavera de 2006; ¿es torero de vocación tardía?
-Más bien es una cuestión de decisión tardía. Desde muy chico he querido torear, pero las circunstancias no fueron propicias hasta hace dos años.
-Se ha instruido al margen de las escuelas taurinas, ¿nada mejor para formarse que el jarabe de palo?
-Las volteretas, los porrazos, son importantes. Las escuelas enseñan una técnica que yo no poseía en mis comienzos. Debuté prácticamente sin saber coger un capote. Lo mío ha sido un proceso más lento.
-Rivera Ordóñez y Cayetano, José María Manzanares, 'El Capea', Julio Benítez, Dámaso González, Ángel Teruel y usted. ¿La tauromaquia continúa nutriéndose de dinastías?
-Para hablar de dinastías deben existir, por lo menos, tres generaciones. A mí me gusta decir que soy hijo de un torero. De todas maneras, la mayor parte de los profesionales del toro, desde los matadores a los mozos de espadas, pertenecen a familias con larga tradición. ¿En mi cuadrilla sucede!
-Reconozca que ser hijo de una figura del toreo allana el camino.
-No es más fácil ser abogado en una familia con tradición de leyes o médico proviniendo de una estirpe de ilustres doctores. ¿Pues en el toreo igual! Despiertas más interés, pero también la responsabilidad es mayor. La paciencia con nosotros se agota mucho antes.
-¿Sus apellidos son un arma de doble filo?
-Totalmente. Los apellidos te ayudan, pero el nivel de exigencia es tremendo, desde el principio te miden como a figuras. Todo el mundo se cree que nos hemos pasado la vida toreando, y la verdad es que debemos aprender el oficio como el resto de nuestros compañeros.
-¿Admite los censores con tal de no pasar inadvertido?
-Creo que fue el maestro Luis Miguel el que dijo que 'lo importante es que hablen de uno... aunque sea bien' -risas-.
-Quienes vieron torear a su padre no encuentran similitudes conceptuales con su tauromaquia, ¿cada cual por su camino?
-Indudablemente. Nunca he procurado copiar a nadie, ¿ni a mi padre! Las copias no son más que sucedáneos. Cada cual debe torear como lo siente. Ojo, puede que existan similitudes... es lógico, al fin y al cabo mi padre me enseña el oficio. ¿No sabes lo duro que es conmigo! siempre buscándome los fallos. Sin embargo, lucho por tener mi propia personalidad.
-Defina su concepto de la tauromaquia.
-Tengo un concepto clásico del toreo: la muleta por delante, enganchar las arrancadas, someter las embestidas por abajo y, lo que es más importante, conducirlas por donde quieres. Lo fundamental es poder con el toro, por lo menos es lo que pretendo. Toreo para el público, ¿de ellos dependemos! Lo importante es que la gente disfrute. Después, si se puede, toreo para mí mismo.
-Un sector de la crítica taurina acusa a los novilleros dinásticos de crear un circuito paralelo que busca el tirón popular de sus apellidos.
-No me preocupa. Yo voy a torear donde me llaman y alterno con quienes componen el cartel.
-Ha visitado los cosos de primera categoría con cuentagotas...
-¿No tanto! -interrumpe, tajante- Debuté sin torear nada y me presenté con caballos en Brihuega, a las puertas de Madrid, con Julio Benítez y Cayetano. ¿Más que para cuidarme era para quitarme la cabeza! - y la sexta novillada fue en Barcelona. Cuidado relativo. Este año he toreado en Castellón, Valencia, Zaragoza...plazas de mucha responsabilidad. Y ahora un mano a mano en Bilbao.
-Usted y Ángel son apoderados por la casa Lozano, ¿sienten celos el uno del otro?
-No, no, no... la casa Lozano siempre ha apoderado a muchos toreros y los dos tenemos todas las atenciones. No hay suspicacias.
-La afición de Pontevedra será testigo de su alternativa en agosto. ¿50 festejos son bagaje suficiente para doctorarse con garantías?
-Soy consciente de que he toreado muy poco, pero si mis apoderados y mi padre dicen que adelante, pues adelante, ¿sin dudarlo!
-Una vez recibida la alternativa, ¿su camino y el de Ángel se separarán definitivamente?
-Es lógico. Coincidiremos, seguro, pero el toreo es competencia.
-Usted y Ángel ¿son amigos?
-Tenemos una relación cordial, es un gran compañero.