«Ahora estoy en la graduación», se excusa Aitor Rey en conversación telefónica desde Dubai, uno de los siete Emiratos Árabes. Ni es musulmán ni es un adolescente. Es 'Mister Rey', como le llaman a este joven vitoriano sus alumnos de la Academia Americana, donde da clases de castellano a 110 chavales de entre 11 y 14 años. «Aunque me gustaría dar a más mayores porque los métodos que se emplean aquí con los más pequeños no me gustan mucho. ¿A veces hasta tengo que cantar!», confiesa. No es del todo una queja porque, en realidad, está feliz con este trabajo, en el que gana un buen sueldo, le pagan una vivienda... «Es que en esta ciudad todo se hace a lo grande».
Ahora disfruta de estos lujos, pero también sabe lo que es remangarse la camisa y mancharse el delantal. Como en su época universitaria. Entre sus opciones de carrera estaban Medicina y Filología Inglesa. «Mi padre es médico, pero lo descarté porque no me daba la nota para entrar en la UPV. Así que como en inglés iba bien, me decidí por Filología. En ningún caso fue vocacional». Y fue entonces cuando salió su vena aventurera y trabajadora. Pasó varios veranos en Londres y en algún que otro pueblo británico empleado como camarero y operario en una empresa de pollos. «Fue un infierno», recuerda.
Nada más obtener la licenciatura creyó que lo más conveniente era perfeccionar su acento. Así que, pese a las recomendaciones de su madre, que le pedía que se marchase a trabajar a Inglaterra a través de una agencia, él decidió buscarse la vida; lo que se tradujo en casi dos años sirviendo mesas en Reino Unido. Pero como siempre, Aitor retornó a su tierra.
«Preparado para todo»
La vuelta no le fue nada mal. Un puesto en la Escuela Agraria de Arkaute le retuvo tres años en casa. Sin embargo, una llamada de su amigo trotamundos, Javier Castro, le condujo nada menos que a Carolina del Sur, en los Estados Unidos. A través de un programa de intercambio de profesores, fue a parar a una escuela sin ley. «Era un zoológico. Estaba en una zona muy marginada. Aunque los profesores ya sabemos que tenemos que lidiar con estos problemas». Un año de duro entrenamiento y de nuevo, vuelta a Euskadi. «Después de eso, ya estaba preparado para todo».
Pero lo que no podía imaginar es que su tranquila vida en academias vitorianas se iba a ver alterada con otra 'llamadita' de su amigo Javier. «Me comentó que un profesor de la Escuela Americana de Dubai les había dejado plantados. El 28 de agosto del año pasado mandé mis títulos y referencias, y al día siguiente me contestaron: 'Tenemos el contrato listo y tienes un día para pensártelo'». Le sobró tiempo. «¿Me voy a los Emiratos Árabes!», anunció a su familia. Así se embarcó en esta «pequeña aventurilla» de Oriente Medio, que va a prolongarse durante dos años.
El primer día llegó a las siete de la mañana y nada más bajar del avión notó el calor. «¿Hacía 45 grados!». Pero ya ha sobrevivido al primer curso escolar. «Muy fácil, porque aquí los alumnos son muy disciplinados». Desde chinos, indios, estadounidenses y australianos... «De todas las nacionalidades. Son los hijos de grandes empresarios, porque en Dubai sólo el 15% de la población es local».
Una rica experiencia cultural que se hubiera perdido de no haber tenido arranque. «Cuando con 19 años hice mi primer viaje, sí que estaba un poco más intranquilo. Pero no puedes tener la sensación de miedo porque si no, nunca te mueves. Es verdad que al segundo día te preguntas: ¿Qué hago aquí? Pero te adaptas rápido». De ahí que en su cabeza no quepa el sentimiento de temor y, ahora mismo, sólo piense en sus vacaciones. «¿Me voy al Bilbao Live Festival!».