«Aquí lo que parece es que los marineros han tomado el barco». El responsable de la Policía Municipal de Ondarroa no pudo reprimir una ligera sonrisa de resignación al oír el comentario de un fotógrafo que trataba de subir al salón de plenos del ayuntamiento, abarrotado por dirigentes y simpatizantes de la izquierda abertzale. Son estos últimos quienes han mandado pasar a los periodistas a la segunda planta después de tenerles esperando en la calle. «No podéis entrar, sólo los del pueblo», habían ordenado minutos antes varios vecinos con camisetas de ANV y a favor de la independencia. Pegados a la puerta, controlando a los extraños. Los agentes locales apenas intervinieron; se limitaban a observar.
Sólo el jefe «de los alguacilillos», como le llamó un vecino, trataba de hacer cumplir la orden del alcalde en funciones, Aitor Maruri (PNV), de que no pasase al interior ninguna cámara de televisión. «No se puede grabar dentro», insistía como única consigna mientras recordaba que la decisión era del primer edil, ausente del edificio aunque debía recoger por segundo mandato la makila. «Donde manda patrón...», se excusaba el responsable policial.
Rebelión a bordo. La izquierda abertzale dominaba la situación. Lo tenía todo controlado. Algunos llevaban desde las diez de la mañana dentro del Consistorio, una hora antes de que debiera comenzar el pleno. Decidían quién entraba y salía, quién subía o bajaba. La sesión no llegó a celebrarse al no asistir los nueve ediles del PNV, los dos de EA y el único de EB-Aralar elegidos en las urnas.
Sólo Germán López, concejal del PP, cumplió el trámite y recogió su acta fuertemente protegido por Ertzaintza y escoltas. De hecho, la carretera que serpentea hacia este municipio vizcaíno ya advertía al visitante de la tensión. Media docena de furgonetas de la Policía autónoma se dejaba ver en algunos recovecos de un trayecto de no más de diez kilómetros desde el alto de Trabakua.
El mando del edificio, sin embargo, estaba en manos de ANV. Su lista no concurrió a los comicios, después de que Tribunal Supremo y el Constitucional ilegalizaran su candidatura. Los aeneuvistas, sin embargo, reivindican los casi 2.200 votos nulos contabilizados. Una cifra muy por delante de los 1.700 del PNV. Ondarroa es una de las doce localidades vascas donde las papeletas proscritas superaron a las de la primera fuerza legal.
La izquierda abertzale reclama «lo que nos corresponde». Exige la alcaldía y seis concejales más. Así lo atestiguan numerosas pintadas y pancartas en las que se acusa de «ladrones» a los representantes de PNV, EA, y EB-Aralar. Varias dianas ponen el punto de mira sobre el PSOE y la Audiencia Nacional.
Salvo por lo que se percibía a simple vista, la jornada transcurrió sin incidentes. Nada que ver con lo que al mismo tiempo estaba ocurriendo en la cercana Lekeitio. «Ondarroa es otra cosa», confesaría después un antiguo vecino de la villa costera. Sus habitantes suelen decir que viven en una especie de isla. Ni son guipuzcoanos, ni son vizcaínos. «Somos de Ondarroa».
Quizá por este carácter propio, cuatro de los seguidores abertzales apostados a la entrada del Ayuntamiento mataban la espera antes del pleno jugando a pelota a mano en el frontón. La cancha forma casi parte del consistorio y comparte una pared con la iglesia. Los tres recintos se reparten el cogollo del municipio. Los jóvenes, cercanos a la treintena, cesaron al escuchar una voz: «¿Vamos para arriba!».
«Todos para arriba»
Faltaban veinte minutos para las once y todos, incluidas varias decenas de vecinos que aguardaban en las gradas del frontón descubierto, se dirigieron hacia el salón plenario. Los primeros consiguieron sortear la entrada sin problemas. Quedaba un nutrido grupo de residentes por pasar cuando la Ertzaintza, apostada en un lateral, decidió que era suficiente. «Nadie más», zanjó el responsable de la dotación.
Su orden desató los momentos de mayor tensión. Varios de los presentes se encararon a los agentes, a los que exigían quitarse el verduguillo y descubrir su rostro «para estar en igualdad de condiciones». «Soy la autoridad», se esforzaba por hacer entender el ertzaina entre forcejeos. «Y nosotros el pueblo», le respondió uno de ANV. No faltaron tampoco los insultos a un fotógrafo. «Tú saca cuantas fotos quieras», le animaba otro agente. El cordón policial duró sólo unos minutos. Varios de los representantes de Acción Nacionalista salieron del interior y mantuvieron una charla con la Policía, que se hizo a un lado. «Todos para arriba».
Allí permanecieron, atrincherados, hasta que sonó el reloj de la parroquia. Sin miradas de la prensa. Varios fieles de la izquierda abertzale bloqueaban la puerta, que había sido forzada. Sólo la abrieron a la hora en punto. Para entonces, el concejal del PP ya había entrado y salido por la puerta principal. Sin hacer ruido y sin oír gritos en su contra. Firmó y recogió su credencial. Visto y no visto. Con él desapareció la Ertzaintza.
Dentro, los siete miembros de la lista ilegalizada de ANV ocupaban la mesa reservada a los concejales. Al frente, Unai Urruzuno, miembro de Askatasuna que exigió dar un golpe de timón y ocupar la alcaldía por el valor del voto nulo. Junto a él, quien ya ostentó la makila en tiempos de HB, Loren Arkotxa. Les rodeaban un centenar de fieles con carteles que criticaban la «falta de democracia».
Allí, Urruzuno agradeció a PNV, EA y EB-Aralar que no hubieran recogido sus actas, aunque les instó a «dar un paso más» y entregar el mando del ayuntamiento «como pide el pueblo». Su discurso lo repetiría minutos después abajo, en la cancha del frontón, para satisfacer a las cámaras de televisión. Ellos mismos bajaron las sillas del salón de plenos y colocaron la misma ikurriña y la bandera de Ondarroa que preside la estancia. Todo en euskera. Sólo usó el castellano con la televisión catalana. «Con Antena 3 y Telecinco no hablo, ETB 2 lo puede subtitular».
Después llegaría el tiempo de las explicaciones. PNV, cuyo alcalde eludió contestar a este periódico, y EB remitieron sendas notas en las que rechazan constituir el consistorio y abogan por una gestora en la que estén representados «todos los partidos políticos», incluida la izquierda abertzale. Un paso que debe darse a partir del lunes. Hasta entonces muchos vecinos repetirán una frase con la que tratan de explicarse a sí mismos. «Ondarruko gauzak, ora pro nobis». Algo así como «Cosas de Ondarroa, ruega por nosotros». Amén.