'Nos destierras de nuestra casa y pueblo sin razón'. 'Injusticia, me quitas la vida'. 'Ahora es Antoni, ¿luego?'. Estas pintadas cubrían la fachada del caserío Ertzilbengoa cuando a primera hora de la mañana de ayer se personó en este baserri del barrio Santa Mañe una dotación de la Ertzaintza y otra de la Policía Municipal de Iurreta, además de empleados del Ayuntamiento, con el alcalde a la cabeza, para iniciar el derribo del edificio, del siglo XVII. «Hemos sacado a nuestra ama a rastras de la casa en la que ha vivido toda su vida, fuera de su entorno y de su pueblo, para que aquí pongan cuatro bancos de un parque. Es lamentable», criticaban los hermanos Zezilio y Mertxe Uria en referencia al futuro uso del solar, que se incluye dentro del polígono industrial de Mallabiena.
Los hermanos agotaron a primera hora de la mañana todas las posibilidades para evitar la demolición, que se inició a partir de las cinco y media de la tarde. Basándose en el hecho de que «la vida de mi madre ha sido este caserío y no queríamos darle un disgusto, porque en febrero le dio un infarto, y encarcelarle en un piso en Durango por los años de vida que le quedan», los hijos de Antoni solicitaban una moratoria al Ayuntamiento. Ellos, a cambio, se comprometían a contratar un seguro de responsabilidad civil, a la vez que se harían cargo del coste del derribo.
El recién nombrado alcalde de Iurreta, Iñaki Totorikagüena, insistía en que la orden de desalojo «es el resultado de un proceso que se ha alargado durante dos años y tenía que llegar este momento». Recordó que la familia, tras el acuerdo alcanzado con la junta de compensación del polígono, recibió en marzo del pasado año casi 165.000 euros, de los cuales 155.000 correspondían a la vivienda y 9.484 por un terreno. Los recursos interpuestos por la familia, además, han sido desestimados. «Hemos hecho todo lo posible para alargar los plazos, pero ha sido imposible, ya que se planteaba una situación de inseguridad jurídica», explicaba el mandatario tras reconocer que entendía que el momento era «duro» tanto para la familia como para el Consistorio.
Mertxe, la hija, recordaba entre sollozos la dramática escena que vivieron el pasado fin de semana cuando le comunicaron la noticia. «Mi madre empezó a dar vueltas de un lado para otro y no había manera de hacerla salir de casa el domingo por la noche. La hemos sacado a rastras. Lleva tres días llorando y sufriendo».
Las labores de demolición proseguirán a lo largo de hoy tras haber desestimado el Gobierno vasco la petición de la asociación Gerediaga para estudiar el interés cultural del edificio.