Uno de los primeros asaltos se produjo en mayo de 2005. Por aquel entonces el BBVA lanzó su campaña 'Cuentas Claras', a través de la que reducía sustancialmente las tasas que cobraba a sus usuarios más fieles. La fórmula elegida era la aplicación de un coste único para un conjunto de servicios, como el mantenimiento de cuentas o el uso de tarjetas, entre otros.
Algunas otras entidades lanzaron iniciativas similares durante los siguientes meses, pero la reacción del otro gran gigante se produjo en enero de 2006. El Santander anunció que eliminaba las comisiones básicas a más de 2,2 millones de clientes de su red comercial. Esa actuación -calificada como «publicitaria» en algunos ámbitos, pero que marcó el inicio de la 'guerra de las comisiones'- provocó una cascada de reacciones. Bancos y cajas utilizaron las fórmulas más variadas para replicar al grupo cántabro y retener a sus propios clientes.






