
Vehemente en la defensa de unos ideales y con una enorme facilidad para elaborar un discurso de rápido calado entre los ciudadanos, ha sido una de las caras más reconocibles del PSE en las últimas tres décadas. Sus ácidas críticas a Zapatero y al proceso de paz le han granjeado, sin embargo, una importante enemistad con buena parte de la dirección y militancia de la formación en los últimos años. Muchos habían pedido, incluso, su expulsión del partido por sus argumentos «más cercanos al PP que al partido por el que trabaja en el Parlamento Europeo».
De familia socialista -su padre fue condenado a muerte durante la dictadura, sentencia que conmutó Franco; y un hermano fue senador hasta 2000-, es miembro del PSOE desde 1977, un año después de haberse afiliado a UGT. Funcionaria de la Administración del Estado desde comienzos de los setenta, trabajó en la Diputación vizcaína antes de dar el salto al ruedo político. En la institución foral logró su primer cargo de representación como responsable de Bienestar Social entre 1979 y 1983. Fueron años complicados, de gran tensión social e institucional y con atentados de ETA prácticamente a diario. «Se sabía sobreponer a cualquier contratiempo y era muy persistente. De las 'currantas'», sostiene quien ya la conoció por aquella época.
Un carácter del que tuvo que hacer gala también dentro de su propio partido. Contraria al líder del PSE vizcaíno Ricardo García Damborenea, era una de las pocas mujeres con peso en la dirección vasca. «Nunca necesitó de cuotas femeninas para hacerse un hueco», resaltan sus partidarios. De hecho, fue la segunda mujer en acceder como consejera al Gobierno vasco, después de Milagros García Crespo. Ramón Jáuregui, vicelehendakari en los ejecutivos presididos por José Antonio Ardanza, la reclutó en 1991 para la cartera de Comercio, Consumo y Turismo, en la que permaneció hasta 1998.
'Ven y cuéntalo'
De su paso por el Ejecutivo autónomo queda uno de los eslóganes más populares. Aquel 'Ven y cuéntalo' que encabezó una campaña de promoción turística se extendió como la pólvora, si bien no siempre estuvo exento de polémica. El lema, creado para romper con el binomio Euskadi-terrorismo, fue duramente criticado desde ciertos sectores. El Gabinete Ardanza llegó incluso a querellarse contra el humorista gráfico Antonio Mingote, que en una de sus tiras vinculó la frase a la imagen de una mujer herida en un atentado.
«Siempre le gustó estar en el ojo del huracán», sostiene uno de sus detractores. La figura de esta seguidora de Bob Dylan, que se convertiría en la imagen de los gobiernos transversales de PNV y PSE, no pasaba tampoco desapercibida en lo estético. Enamorada de la moda y de creadores como Modesto Lomba o la fallecida Ángela Arregi, hizo las delicias de los fotógrafos con sus constantes cambios de peinado, sombreros y vestidos. Una estética que le granjeó tantos simpatizantes como detractores.
Su «creencia ciega» en unas ideas o su «afán de protagonismo», según unos u otros, le llevó a luchar en las primarias de 1998 contra Nicolás Redondo Terreros, candidato del 'aparato', por liderar la lista del PSE en las autonómicas. Estuvo a punto de dar la sorpresa y sólo 406 votos le separaron de pugnar con Ibarretxe por la Lehendakaritza. Asumió la derrota e hizo piña con Redondo Terreros, con el que mantiene una estrecha amistad.
Un año después, Díez, defensora a ultranza de Felipe González y fundadora de Basta Ya, obtuvo uno de sus mayores éxitos. Cabeza de lista por el PSOE para las elecciones al Parlamento de Estrasburgo, logró los mejores resultados que los socialistas han obtenido nunca en unas europeas. Todo frente a un PP que caminaba hacia la mayoría absoluta para Aznar.
Aquel registro le llevó a sorprender con su candidatura a la secretaría general del PSOE en el congreso que erigió como líder a José Luis Rodríguez Zapatero. Díez logró 65 votos de los 993 delegados, muy lejos de los 109 que apoyaron a Matilde Fernández, los 405 de José Bono y los 414 del ganador.
Con los resultados sobre la mesa, muchos sostienen que una de las razones que impidió a Bono -el claro favorito- hacerse con las riendas del partido fue la presencia de la aspirante vasca. También creen que ese «fracaso» le hizo alejarse del PSOE, al no creerse «suficientemente considerada». «No superó aquel varapalo, ni aceptó el liderazgo de Zapatero. Desde ese año se vuelca más en su proyección personal». Sus defensores mantienen, sin embargo, que es el partido el que ha virado desde entonces.






