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Un modelo a mantener
Acabo de regresar de un Congreso Europeo de Sociología que se ha celebrado en los Países Bajos. Uno de los temas que se han debatido es el de la alimentación europea, y uno de los aspectos que más interés ha generado es el tipo de establecimiento donde los consumidores compran los alimentos. La tendencia que se observa en toda Europa es que el consumidor adquiera los alimentos en los hipermercados y supermercados que poseen las grandes cadenas de distribución. En los países del norte de Europa como Noruega, los Países Bajos o el Reino Unido, más del 90% de los alimentos que compran las familias son adquiridos en este tipo de establecimientos. Por el contrario, en el Sur de Europa, y sobre todo en España, una parte importante de la comida se adquiere en las tiendas tradicionales (fruterías, carnicerías, pescaderías, etcétera), en las plazas de abastos o en los mercados de agricultores. En el caso de las verduras frescas, por ejemplo, el 26% se adquirieron en las tiendas tradicionales, el 12% en las plazas de abastos, y el 6% en los mercados de agricultores. Al final, en torno al 44% de las verduras frescas se vendieron mediante estos canales de comercialización durante el año 2005.

Estas cifras se ven con mucha envidia desde otros países europeos. Y es que en los países donde las grandes superficies se han expandido se están encontrando con los serios problemas que generan estas grandes empresas. Estos países se encuentran con que ha disminuido la variedad de alimentos disponibles, que estas empresas imponen sus intereses a la industria alimentaria, a los agricultores y a los consumidores, que al desaparecer el pequeño comercio quedan desiertas las calles comerciales y se trastoca el modelo de ciudad, que fomentan el consumismo y el gasto, que favorecen el consumo de alimentos procesados frente a los frescos, que se sustituyen los alimentos locales por alimentos globales.

Ante estos problemas, esos gobiernos están ahora gastando muchísimo dinero para tratar de que sus ciudadanos compren los alimentos de la manera como nosotros lo hacemos. Los noruegos quieren recuperar los mercados de agricultores que hace tiempo desaparecieron; los alemanes lo van consiguiendo, los holandeses e ingleses están fomentando fórmulas en que el consumidor entra en contacto con los agricultores locales para abastecerse de alimentos, etcétera. Lo que resulta decepcionante es que aquí no valoremos lo que tenemos y que estemos dejando perder algo de lo que somos pioneros. Ahora, más del 25% de los alimentos que se compran en España ya lo vende una sola empresa, Carrefour.

Mi esperanza está en los políticos, sobre todo en los gobiernos autónomos y en los ayuntamientos. Tenemos que seguir estando a la cabeza de Europa en esta materia, y continuar siendo el modelo a seguir. La modernidad ya no está en las grandes superficies. Los países donde se han expandido estas empresas nos lo están diciendo. Espero que existan políticos decididos y con visión de futuro que dediquen recursos para innovar en esta materia. Una innovación que debe orientarse a satisfacer las nuevas necesidades del consumidor por alimentos cercanos y de calidad, y a conseguir un modelo de desarrollo que sea más sostenible social, económica y ambientalmente.

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