
BIEM
Sus 400 metros cuadrados de local convierten a Producciones Biem en la apuesta más fuerte de Bilbao la Vieja. Promovida por Isabel Muela y Lucía Marzo, esta empresa -mitad agencia de modelos, mitad organizadora de eventos- llama la atención no sólo por su diseño vanguardista sino por su ubicación, en plena calle San Francisco. Abrió sus puertas hace un año de la mano de la sociedad municipal Lan Ekintza. Hoy está completamente «integrada» en el barrio. «No somos un comercio, por lo que no necesitamos que la gente pase por delante. Creímos que éste era el lugar apropiado y nos lanzamos», explica Isabel Muela. Dan empleo a trece personas y cada día pasan por sus dependencias unos cien clientes. «Todos quedan encantados porque entienden el concepto de multiculturalidad», explican. Biem cree en el proyecto de la Intermodal. Sus vistas lo dicen todo. La cristalera posterior del establecimiento ofrece una panorámica inmejorable de la estación de Abando.
Isabel Muela augura a la zona una transformación similar a la que sufrieron en su día barrios como Chueca, en Madrid. «En la restauración, de hecho, ya es así», considera. En cuanto al perfil de cliente, además de su cartera habitual, Biem ha logrado captar a algunas modelos «de distintas razas» a través de la ventana. «La responsable de este departamento ya ha salido más de una vez a la calle a hacer alguna propuesta a chicas del barrio», revela. Entre los proyectos de la productora se encuentra también el de impulsar que jóvenes diseñadores vascos se animen a asentarse en Bilbao la Vieja.
TOKYOSTORY
Sonia García tenía previsto instalar un almacén de mobiliario de segunda mano, cuyas ventas se llevasen a cabo a través de Internet. Ese era su primer boceto, pero al ver las posibilidades que le ofrecía la lonja cambió de opinión. En la actualidad tiene una tienda repleta de colorido y de artículos que retrotraen a otra época, a los años 50 y 70. Esta bilbaína de 42 años fue de las primeras en abrir un nuevo negocio en la calle Dos de Mayo. «Otro sitio se nos salía del presupuesto», reconoce. El alquiler del local le sale por 560 euros al mes.
Vive en el Casco Viejo, así que el trabajo le coge a tiro de piedra. Otra de las razones por las que eligió Bilbao la Vieja. Lámparas de todo tipo, sofás, sillas... La variedad de muebles que uno puede encontrar en Tokyostory es de lo más amplia, y también peculiar. «Son testimonios de una época concreta por su rareza. Ahora buscamos piezas que ya no se produzcan», describe Sonia, que en la entrada del local ha colocado un 'playmobile' a modo de adorno. Muchas provienen de Francia, Italia, Holanda o América. Sus clientes son tanto coleccionistas como personas de paso, aunque estos últimos son los menos. «Ésta todavía no es una calle comercial y hay personas que no se atreven a venir. Incluso algunos llegan en su coche, entran en la tienda y luego se vuelven a subir al coche», asegura. «Y eso que el barrio es muy tranquilo».
LITERAE MUNDI
A escasos metros de Tokyostory, el paseante se sumerge en el mundo de la lectura. Nunca mejor dicho. David Maroto abrió hace un año la librería Literae Mundi. En ella la mezcla de culturas cobra un cariz especial, no sólo por las publicaciones que salpican sus estanterías y mesas, sino por su decoración. Sus escaparates están llenos de retablos de países como China o Turquía. «Regalos» en algunos casos. David recibió ayudas del Ayuntamiento para poner en marcha su negocio, «para elaborar el proyecto y para promocionarlo», señala. Pero lo más curioso es conocer dónde surgió la idea empresarial. Este bilbaíno de 31 años trabajaba en la biblioteca de San Francisco. «Entraban muchas personas inmigrantes, pero me di cuenta de que sólo tenían un ejemplar en su idioma para todos», detalla. Es decir, que la demanda superaba a la oferta.
Literae Mundi suplió ese hueco. Además de contar con libros de autores nacionales que versan sobre otras culturas, dispone de material de aprendizaje para niños de otros países, en especial en árabe y chino. «Tengo desde cuadernillos en sus idiomas hasta manuales de castellano para extranjeros», enumera. Familias y asociaciones del barrio acuden a su tienda en busca de herramientas que les permitan no sólo aprender, sino acercarse a otras culturas. La música podría ser su próximo mercado. Al entrar por la puerta de la librería se escucha un leve hilo musical que invita a viajar a la India. «No es la primera vez que entra gente a preguntarme si tengo músicas del mundo. Quizás en un futuro...», se plantea.
DK MURALISMO
José Ramón Bañales lleva veinte años realizando diferentes proyectos en Bilbao la Vieja junto a su equipo de DK Muralismo. Su trabajo consiste en dar color y vida a plazas y lugares abandonados del barrio de la mano de jóvenes artistas. «Se trata de dotarles de un valor simbólico», apunta. Con esta labor a sus espaldas, hace año y medio decidió asentarse en la zona, más concretamente junto a la Plaza Corazón de María. Allí abrió una pequeña oficina de 18 metros cuadrados, por la que paga 178 euros al mes. Podría decirse que el negocio de este baracaldés, más conocido como Bada, es lo que persigue esta zona de la ciudad: la rehabilitación.
Reciben encargos tanto del Ayuntamiento como de Bilbao Ría 2000 y entre sus obras más conocidas destacan la de La Casilla o la de Kirikiño, en Irala. Lo ideal, según Bada, a la hora de realizar un trabajo es «la comunicación con la gente que va a convivir con ello». Por esta razón se asentaron en el barrio. Su asignatura pendiente es dar a conocer todo lo que hacen, de ahí que se afanen en construir, esta vez, una página web de lo más completa. Pedidos no les faltan. Bilbao la Vieja y Rekalde verán nacer sus próximas obras de arte.
CIRCLE LINE
Simón Luca solía a la capital vizcaína para visitar a su novia. Hasta que un buen día, allá por 2004, decidió quedarse. Nació en Turín hace 27 años y desde siempre ha sido un amante de la música. Prueba de ello es que en julio del año pasado abrió una tienda de discos en la calle Lamana. De nombre Circle Line, su local no pasa desapercibido. Ambientado con colores amarillo y negro, la mezcla le da ese punto estridente a la vez que atractivo. Eligió la zona por una razón muy concreta: «Es un lugar joven, menos desarrollado y multicultural. Así que el negocio pegaba totalmente», explica.
Su fuerte son los vinilos, tanto nuevos como de segunda mano. Desde soul o jazz hasta música electrónica. Los noventa metros cuadrados que tiene este local esconden glorias de todos los estilos. Los precios, desde tres euros hasta los 1.000 de una edición limitada de los Beatles. Simon compagina su faceta de propietario de un nuevo negocio, que él personalmente se encarga de llevar, con su trabajo como DJ. De ahí que Circle Line esté en ocasiones abierta sólo en horario de tarde. Este italiano afirma sentirse «cómodo» donde está. «No he tenido ningún problema, sólo creo que debería haber más limpieza», expresa. Las ventas no le van mal. Sus clientes, «desde gente del barrio hasta turistas».







