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Opinión

CARTAS AL DIRECTOR
Fabuladores

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El 'discurso de los fabuladores' sobre la mochila, la furgoneta, el explosivo utilizado, el ácido bórico o la 'complicidad de policías, jueces y PSOE' para desbancar al PP del Gobierno se convierte en el 'discurso de los asnos' que exigen conocer y juzgar a 'los autores intelectuales' de la masacre, o argumentan el carácter abierto de una sentencia que no puede probar aquello sobre lo que no ha conocido. La irrealidad en la que viven determinadas personas les lleva a hablar de figuras jurídicas que no existen en nuestro ordenamiento o a pedir que se dictamine sobre aquello que, a efectos probatorios y jurídicos, no existe. La desesperación de estos personajes miserables parece llevarles a teorizar sobre cuáles serían las 'aptitudes necesarias' para cometer un atentado terrorista, cuál sería el perfil académico, personal o social de quien decide quitarle la vida a otro, qué clase de personas serían las únicas capaces de 'cambiar un gobierno'. Y resulta que nos encontramos con que es más importante saber quién ideó un crimen que encontrar y juzgar a quien lo ha materializado; con que no es la soberanía popular la que decide quiénes serán sus gobernantes, sino unos terroristas; que los ciudadanos no sabemos evaluar la gestión de un gobierno, sino que cambiamos de opinión ante un atentado; que la mayoría no hemos mostrado nuestro rechazo a una mentira más, sino que hemos cedido cobardemente al chantaje del terror. El discurso de los 'teóricos de la conspiración' resulta tan demagógico, cínico y nauseabundo que de nada sirve acudir a las hemerotecas, a las videotecas, a la sentencia dictada o a la legislación penal para mostrar 'la verdad' a quienes, seguramente para ocultar y hacer más soportable su vergonzosa miseria, se encuentran parapetados en esa insoportable irrealidad.

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