
-Es que Europa no avanza. Hay un patriotismo económico y cultural que es hasta cómico. Puede haber una cierta justificación en todo ello, porque cuando hay fenómenos de integración hay una cierta preocupación por no perder la identidad. Pero los excesos resultan siempre criticables. Personalmente, creo que en este terreno vamos a ir hacia fórmulas de moderación, aunque no a corto plazo. Una radicalización de los nacionalismos de cualquier orden es una broma pesada que no deberíamos aceptar. Soy de los que piensan que España no puede ir a otra fórmula que no sea la federal. Ahora, ¿cómo se adapta la sociedad española a eso? Ahí es donde la inteligencia política tiene un papel decisivo que de momento no está teniendo.
-No parece muy esperanzado de que a medio plazo esas tensiones nacionalistas se suavicen...
-Que nadie crea que la ciudadanía española es tonta. Cuando vino Ibarretxe con su plan y el Congreso le dijo que no, volvió al País Vasco y adelantó las elecciones y el voto de la sociedad vasca no se lo aprobó. En Cataluña ha pasado lo mismo. El Estatuto se presentó como el instrumento más importante en la vida de Cataluña. Pues bien, no votó nadie. La ciudadanía tiene un sexto sentido. Si alguien cree que los españoles vamos a perder nuestra riqueza económica, democrática, cultural... de una manera irresponsable se equivoca. La ciudadanía dirá a los partidos que cesen en este comportamiento porque está ya harta de la manipulación, y lo dirá en cuanto le den la oportunidad.
-Está hablando de nacionalismo político. ¿Y el económico?
-Europa lucha contra Estados Unidos y los países del eje del Pacífico y generaría una fuerza económica y cultural tremenda si se uniera. Pero seguimos con una Europa no integrada: los grandes sectores económicos están intervenidos, y eso no funciona. La UE no puede ser una casa de muñecas donde todo el mundo tiene su eléctrica, sus minas, su compañía aérea... Ese patriotismo económico nos va a hacer perder una cantidad de batallas tremenda. Podemos criticar la posición española en estos aspectos, pero es la misma que la francesa, la alemana o la inglesa... Y no digamos la italiana, que es aún peor. La Europa actual es ofensiva para un liberal.






