En una postura que le honra bien poco, el vicepresidente en funciones Pedro Solbes ha decidido que, una vez celebradas las elecciones, no merece la pena esforzarse en disfrazar la realidad ni en ocultar su pensamiento. Ha realizado unas declaraciones a la agencia Reuters y en ellas refleja lo que piensa de verdad; es decir, lo que ha estado negando a lo largo y ancho de la reciente campaña. Ha utilizado un lenguaje un tanto melifluo, plagado de generalidades, pero sin lograr camuflar el fondo de su opinión. Empezó bien y directo al mentón: «Es indudable que hay una clara desaceleración tenemos que pensar que (el crecimiento) estará por debajo de lo que inicialmente habíamos previsto». Como el ministerio emite sus previsiones dos veces al año, se apoyó en «los analistas» para aventurar una cifra más real, que podría estar en el entorno del 2,4%-2,7%, muy lejos del 3,1% que todavía se mantiene como objetivo oficial.
Luego, la inflación, en donde admitió que no logrará terminar el año por debajo del 3%, como hasta ahora había pronosticado. Y, por último, los Presupuestos. Y aquí, dos perlas referidas al déficit público. Primero lo admite: «Hay que luchar por la estabilidad en el marco del ciclo económico, por lo tanto puede suceder que en un momento determinado incluso podamos tener un déficit». Después lo pronostica: «De caer el ritmo de crecimiento de un modo intenso, España podría pasar de obtener un superávit, a reflejar un déficit público».
Su postura me parece una impostura o más bien una simple burla. ¿Tanto han cambiado las cosas en dos días o ya tenía estas impresiones cuando nos hablaba en campaña? Según todas las encuestas, Solbes ganó el debate que mantuvo frente a Pizarro. Ahora sabemos que nos engañó.