El reactor nuclear de Garoña, del tipo BWR (Reactor de Agua en Ebullición) fue diseñado en los años 60 y su tecnología ha quedado obsoleta. Visto desde la actualidad tecnológica, su diseño no ha sido el más apto, ni los materiales los más apropiados, y tampoco los procesos de fabricación los más adecuados. De hecho, su diseñador, General Electric, modificó en los años 70 el diseño de este tipo de reactores hasta seis veces. Su vida media es de unos 21 años y su vida útil puede llegar a los 25-30 años. Sin embargo el reactor nuclear de Garoña lleva funcionando 37 y la empresa propietaria, Nuclenor, pretende que la licencia de explotación del reactor sea ampliada hasta los 50 años.
Las pruebas de deterioro por envejecimiento y obsolescencia son evidentes. Inició la operación en 1971 y sólo 10 años después se agrietaron los 'manguitos'. La misión de estos elementos es fijar los tubos que guían las barras de control, que son los elementos más importantes para la seguridad del reactor. Los agrietamientos de estos elementos han sido causados por un proceso de 'corrosión bajo tensiones', lo que prueba que ni los materiales ni los procesos de fabricación han sido los adecuados para soportar las condiciones de trabajo del reactor. Los agrietamientos han seguido aumentando y extendiéndose, según se ha comprobado en las inspecciones del CSN (Consejo de Seguridad Nuclear) de 1999, 2001, 2004, 2005 y la última inspección de recarga de febrero-marzo de 2007.
En 1994 se detectaron las roturas de las soldaduras de la envolvente del núcleo del reactor; otra vez por problemas de diseño y fabricación de estos elementos esenciales para la seguridad. También ha habido varios defectos en otros componentes internos del reactor. Todos estos elementos han sido considerados por el CSN componentes relacionados con la seguridad. Lo grave, además, es que los agrietamientos de los elementos de seguridad mencionados del reactor son imparables. El problema de estos agrietamientos ha merecido la atención del Parlamento español. La Comisión de Industria del Congreso solicitó al CSN en diciembre de 2004 un informe sobre los problemas de agrietamiento del reactor. En marzo de 2005 se realizó una inspección y en agosto de 2005 el CSN envió su informe a la Comisión de Industria del Congreso. En el informe del CSN se reconocen los graves problemas detectados en este tipo de reactores BWR, entre los que encuentran los elementos mencionados; y se admite que tales elementos están relacionados con la seguridad.
Los problemas más graves se están produciendo en el casquete inferior de la vasija del reactor. Este casquete está unido por soldaduras a 97 manguitos, de los que 66 están agrietados, por lo que se puede hablar de un agrietamiento generalizado. Este deterioro afecta a la estabilidad estructural de los manguitos, a la estanqueidad de las fugas de agua radioactiva a través de ellas y a la geometría de las barras de control.
Las actuaciones de la empresa contra el agrietamiento de los manguitos ha sido un completo fracaso. Con el fin de detener las fugas de agua radioactiva, se instalaron unos dispositivos denominados 'sellos mecánicos'. Tal como se comprueba en los informes del CSN de 2005 y 2007, estos sellos mecánicos no sólo no han detenido los agrietamientos, sino que han provocado que éstos hayan aumentado y se hayan extendido a otras áreas. Otra deducción, muy preocupante, del informe del CSN de 2005 es que los programas de inspección del reactor no son lo eficientes que debieran y además parecen estar sometidos a los intereses de disponibilidad operativa de la planta. Tanto los agrietamientos de los manguitos como la rotura de la envolvente del núcleo no se detectaron mediante los programas de inspección predictivos de la central. En el primer caso se constató mediante una fuga de agua radioactiva y en el segundo, mediante informaciones de otras instalaciones similares. El alcance de las inspecciones también parece insuficiente: según el informe del CSN, de 55 manguitos con defectos y sellos sólo se inspeccionaron 9 (16%). En todos y cada uno de estos 9 se detectaron nuevos agrietamientos y a pesar de ello no se amplió el muestreo de inspección al resto, lo que probablemente habría supuesto la prolongación de la parada de la central. En relación con las soldaduras agrietadas en la envoltura del núcleo, las soldaduras verticales V3 y V6 no se inspeccionaron, a pesar de que la última inspección se había realizado en 1997. En la inspección llevada a cabo en 2007 (diez años después) sobre la soldadura V3, el informe del CSN de 2007 dice que «la indicación 1 muestra un ligero crecimiento en longitud y profundidad». Todo esto confirmaría que las frecuencias de inspección de estos elementos son excesivamente bajas. Habría que preguntarse por qué.
Por otra parte, la incidencia de Garoña en la estructura de generación eléctrica del mercado español es insignificante (460 MW). Además, está superada ampliamente en la provincia de Burgos por las energías renovables del tipo eólico, donde, a 27 de julio del pasado año, estaban funcionando 34 parques con una potencia de 759 MW, en construcción 8 más con una potencia de 263 MW y autorizados otros 35 con una potencia de 906 MW, lo que hace una potencia instalada total de tipo eólico de 1.928 MW. El informe del CSN de 2005 a la Comisión de Industria debería haber sido suficiente para que se cancelara el permiso de explotación de esta central, cuyo viejo corazón (reactor) está muy enfermo tras los diversos infartos padecidos y el irreversible deterioro de su salud. Su insignificante aportación al sistema no compensa el riesgo para los ciudadanos de su amplia área de influencia.






