
-Azkuna es un muy buen político. Es buen alcalde de Bilbao. La política es así, a algunos siempre les toca un hueso más duro que roer. Pero tampoco es perfecto. Si fuese un poco más humilde y si fuese del PP ya sería la leche. Y mejor le iría al PNV si tuviese una persona como él al frente de su partido, y no esos que están más por la independencia.
-¿Tiene la sensación de que Azkuna gusta a sus potenciales votantes?
-Yo sé que Azkuna cae bien entre mis votantes, pero no le votan. Nuestros votos en las juntas generales y en las municipales son muy parecidos. Al que le muerde es al PSE, por eso hay una campaña socialista contra Azkuna en Bilbao.
-Salvo un pequeño paréntesis en Madrid, usted lleva como concejal en Bilbao desde 1995 y ha sido tres veces candidato a alcalde. Y en una entrevista televisiva insinuó que le gustaría un cambio de aires. ¿Se le ha quedado pequeño el Ayuntamiento de la capital vizcaína?
-No. Vamos a ver, me encanta la política municipal, me encanta la política de pie de calle. Mi pasión es Bilbao. Pero entiendo que no es bueno que un político esté demasiado tiempo en un sitio porque hay que dejar espacio a otros, hay que renovar y dejar sitio a gente que venga con aires nuevos. Y eso es lo que estoy diciendo, que no es bueno perpetuarse.
-¿Qué tipo de cambio de aires le gustaría?
-Yo estoy a disposición de María San Gil, que es la mejor líder política. Lo que ella decida. Soy absolutamente 'sangilista', aunque a veces me regañe.
-¿Le gustaría presentarse a las autonómicas?
-Tiene que ser agradable presentarse de cabeza de lista en un lugar en el que no se presente Azkuna.
-¿Se iría a Madrid?
-No. Descarto ir a Madrid a hacer política. Mi vocación es absolutamente vasca. Yo entré aquí con la intención de que hubiese más libertad, en ello sigo y en Madrid no veo esa vocación política. Mi objetivo es Euskadi.
-También se ha rumoreado que podría dejar la política para pasarse a la empresa privada. ¿Hay algo de cierto en todo esto?
-Yo tengo absoluta vocación política, pero sé que esto no es para toda la vida. Ni la política ni los puestos. Todo entra en la cabeza de uno. Pero aseguro que a mí nadie me ha obligado a estar donde estoy.






