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Yeste tensa la cuerda
El basauritarra echa un pulso a la junta directiva y a Caparrós, desconcertados ante su actitud Se niega a firmar autógrafos para el club y elude participar en actos sociales de la entidad

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Yeste tensa la cuerda
IRRITADO. El delegado, Luis de la Fuente, intenta separar a Yeste del árbitro Velasco Carballo, que dirigió el Athletic-Racing. / FERNANDO GÓMEZ
Verse como suplente y tercer cambio ante el Racing ha sido demasiado para Fran Yeste. El basauritarra ha pasado a sus 27 años de icono y jugador imprescindible a ser empleado en las últimas semanas como un recurso a la desesperada. Un declive que él, además, empeora con incidentes como el que significó su expulsión en el descuento del partido del domingo. Fue una especie de automutilación, uno de sus momentos más delicados en el club.
Yeste se puso a gritar en el cuello al árbitro Velasco Carballo al concluir el partido. ¿Era una rabia justificada, la respuesta a la frustración que vive o simplemente una manera de bajarse del tren y no jugar en Sevilla? Al fin y al cabo, la autoexpulsión suena a mensaje al técnico: 'Si me vas a poner cinco minutos en Sevilla es mejor que no vaya'.
Nadie conoce la respuesta. Yeste tampoco la aclara, aunque una de las novedades más inquietantes de este tramo final de Liga es su actitud entre parsimoniosa y provocadora. En una conversación a mediodía de ayer con este periódico, rehusó explicar lo que había sucedido en el que fue su último partido de la campaña. Las causas de su expulsión son una cuestión de opiniones. Como él calla, el público puede elegir.
Hay que entrar en el terreno de los antecedentes para intentar entender qué pasa con Yeste. Hay una sensación que se abre paso: en las últimas semanas echa un pulso a la junta directiva y al entrenador.
Todo comenzó el pasado 27 de enero, cuando fue sorprendido a altas horas de la madrugada en un pub de Castro Urdiales en compañía de Zubiaurre y Del Horno. La junta, harta de episodios de indisciplina, decretó tolerancia cero. Después de consultarlo con el entrenador, decidió multar al lateral de Gallarta, que era reincidente, y apercibir a los otros dos.
La respuesta de los futbolistas les retrata de cuerpo entero. Del Horno desmintió un incidente similar anterior, aunque las imágenes televisivas le dejaron en evidencia. Esta segunda vez optó por callar. Zubiaurre escribió una carta al club en la que se disculpaba y prometía que 'una y no más'.
Yeste, no obstante, quiso manosear aún más el asunto en público. Con tono desafiante, proclamó: «Me considero muy profesional, un tío valiente y con dos cojones como para salir de esto y de toda la mierda que (los periodistas) nos queréis echar». Fue un error estratégico. Lo comprobó enseguida. En su siguiente aparición en San Mamás, las gradas manifestaron por primera vez hostilidad hacia él. No hay nada que agrade menos a la masa social que jugadores que descuidan sus obligaciones profesionales y que además se muestren arrogantes.
Los desplantes
A partir de ese momento, comenzó a hacerse mala sangre. Su primera reacción fue echar la culpa de la filtración a la directiva, algo que es falso porque las primeras noticias del incidente de Castro se cacarearon vía mensajes de texto a televisiones locales. A partir de ese momento, la respuesta del jugador ha sido entablar un pulso.
A los que primero se lo planteó fue a los dirigentes, ante quienes no ha dado su brazo a torcer en sus innumerables peticiones para que comparezca ante los medios informativos. Yeste ha contado en conversaciones privadas a periodistas que se niega a estampar su autógrafo a las fotos remitidas por los aficionados a Ibaigane y que el club manda al vestuario de Lezama. Para que su gesto de protesta quede claro, sólo pone su rúbrica y se muestra muy cortés cuando se lo piden personalmente los aficionados.
El club ha callado porque le conviene mantener todo esto en secreto. De hecho, tampoco se aireó el segundo desplante del basauritarra a la junta. Fue convocado, junto a los demás capitanes del equipo, el pasado 23 de abril a la celebración del final de la sanción a Carlos Gurpegui. Por Ibaigane aparecieron los pesos pesados del vestuario -Etxeberria, Orbaiz con muletas y Ocio-, pero el zurdo eludió presentarse.
Del Horno al margen, en estos momentos su gran amigo del vestuario es Zubiaurre, de quien se ha hecho íntimo y con quien incluso compartirá unos días de vacaciones. Su relación con el lateral dibuja su situación en el vestuario, alejado del núcleo duro y con cada vez menos ascendente sobre las promesas del club.
Mientras tanto, Caparrós transmite la sensación de haber perdido la confianza que había depositado en él. El incidente de la pasada semana en Lezama abre un nuevo escenario. Para el técnico, la profesionalidad es virtud cardinal. Por eso no pasó por alto la actitud del jugador, quien, molesto por entrenar con los suplentes, le dijo que le dolía el tobillo. «¿Cómo le va a doler si entrena andando?», replicó el utrerano. Acorralado e irritado, Yeste abandonó el entrenamiento.
Y, a partir de ese momento, ha sucedido lo que el futbolista considera una degradación en la mayor escala. Caparrós sólo le dio la segunda parte en Murcia y apenas diez minutos ante el Racing. Los 'cracks' no toleran la humillación de ser suplentes. Ser el tercer cambio ya les parece una tortura. No hubo más que ver la forma en la que arrojó la sudadera para entender que no le hizo la más mínima gracia entrar en el último tramo del choque.
La atención de todos en el club se centra ahora en Yeste. Hace apenas doce meses desprenderse de él parecía un suicidio deportivo. Sin embargo, ahora los focos de atención son otros: Javi Martínez, Amorebieta, Llorente y Susaeta. El rendimiento de Yeste en este curso, con apenas tres goles, no ha estado en ningún momento a la altura del ofrecido por esos jugadores. La duda es qué busca. ¿Una salida del club o ganar por cuestión de orgullo el pulso a la junta y al entrenador? Como él calla, el aficionado puede elegir la versión con la que quedarse.

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