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XAVI LÓPEZ, BASE
El yerno del sheriff
Se construyó una habitación con cartones para aislarse de los fumadores de marihuana con los que compartía piso

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El yerno del sheriff
En Sonora (California), Xavi López sería uno de los ciudadanos más respetados. El padrastro de su novia Jessica es el sheriff mayor y miembro de los SWAT (Grupo de armas y tácticas especiales) en la ciudad. La madre de su chica tiene ascendencia vasca y acaba de conocer Euskadi quedando prendada de lo que ha visto. Estos días, tras disfrutar de un crucero por el Mediterráneo y unas jornadas de asueto en casa del base badalonés del iurbentia, sus 'suegros' le han hecho rememorar su pasado americano, los seis años de su vida disfrutados entre Oregón y San Diego, en la Baja California.
Recaló en la prestigiosa universidad de Point Loma -privada y confesional- gracias a una beca surgida del interés que despertó en los ojeadores. Allí funcionan así las cosas. Xavi López, mientras flipaba en los partidos en su Campus viendo entre el público banderas españolas o gente con su apellido rotulado en las camisetas, recibía cartas y llamadas que refrescaban sobre la marcha la larga sombra universitaria. Pudo elegir cinco propuestas para ser agasajado y visitar los centros que se interesaban por becarle, aunque en el argot se hablaba de reclutamiento. Optó por el sur de California por cuestiones deportivas y se topó con una Universidad de 40.000 dólares anuales de matrícula. Eso sí, con poco que ver con las fraternidades, saraos y demás desenfreno que Hollywood ha exportado.
En la suya cohabitaban más de 4.000 universiatrios que firmaban un protocolo de conducta. Estricto. Vio a un compañero conminado a hacer las maletas por ser pescado con una melopea del trece. Allí, en Point Loma, no había privilegios para los deportistas, por muy populares que fueran entre la población estudiantil. Había partidos de los que se regresaba a las tres de la madrugada y a las ocho estaba convocado un examen. A hacerlo como todo hijo de vecino. Vecinos de alto standing, dado el caché 'pijo' del Campus. Otra cosa era lo que sucedía en San Diego State, la red de facultades públicas donde la cifra de matriculados superaba los 40.000 y donde sí había mayor promiscuidad de todo tipo.
Pero los mejores recuerdos de Xavi López se remontan a su llegada a Estados Unidos. En Oregón recaló en un piso con dos chicos fumadores compulsivos de marihuana. Para dejar de formar parte de la 'fumata' tuvo que construirse en el comedor una habitación. La tabicó con cartones que compró «en una especie de Makro» y hasta colocó una puerta. «Me costó diez dólares», recuerda. Allí se pasó un año mientras las paredes iban siendo agujereadas por sus amigos. La aventura acabó cuando el casero realizó una inspección rutinaria y comprobó que el detector de humos se encontraba en el 'cuarto' improvisado por el barcelonés.
Cató el surf, pero no le enganchó. No se puede decir lo mismo de sus compañeros de clase, que llegaban al aula con las tablas tras haber madrugado para coger las primeras y mejores olas del día. En California paladeó un estilo de vida que sí le cautivó. Con San Diego con muchas afinidades con Barcelona, se dejó seducir por la esencia de aquel estado: comodidad, un clima espectacular, playas y chicas rubias. «Oye, que mi novia es morena». Hasta aprendió a no avinagrarse cada vez que le colocaban España en el mapa junto a México. Tampoco él sabía cuando llegó dónde estaba Dakota del Norte. Bueno, eso es lo que dice.

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