Uno de los alicientes que aviva este Mundial de aspecto lánguido en la Fórmula 1, sin Alonso metido en la pelea, es el rendimiento que pueda transmitir Lewis Hamilton como primer escalón de la tropa que persigue a los Ferrari, sobre todo a Raikkonen. Flota una sensación como sobreentendido en el 'paddock': el finlandés volverá a ganar el título salvo que se empeñe en perderlo. Y Hamilton tendrá algo que decir al respecto.
Sucede que el número uno de McLaren empieza a dejar de ser gracioso. Al menos, para la influyente prensa británica, madre del cordero de este entramado automovilístico. Los periodistas ingleses son mayoría, como también los ingenieros, mecánicos y cualquier trabajador por cuenta propia o ajena que pisa el 'paddock'. Y Lewis Hamilton dio un patinazo soberano este fin de semana en Estambul.
Fue el jueves, en un acto de uno de sus patrocinadores en Estambul. Hamilton debutó como actor al interpretar la epopeya de Troya. Allí apareció el piloto, sentando cátedra a favor de la paz, desactivando la batalla entre griegos y troyanos, sin Helena de por medio y con el caballo al fondo. Pero lo más insensato de todo fue que descendió desde las alturas del teatro como un cíclope, soltándose con una cuerda a cámara lenta como un gran salvador.
El 'nuevo' Aquiles
Un ser celestial que es probable no conozca la historia de Aquiles y su pueblo, pero que surgió entre candilejas con su mono de piloto blanco McLaren, su carrusel de pegatinas de publicidad y una pose pelín fantasmagórica. De sobra es sabido que los pilotos se sacan otro sobresueldo millonario en concepto de hombres-anuncio. Y también que las obligaciones con los patrocinadores representan un copioso volumen de citas en su agenda. Pero la representación troyana de Hamilton se ha llevado un carromato de críticas. Sobre todo, en su propio país. Censurar al británico en España no tiene ningún mérito.
El 'Times', periódico de referencia en Inglaterra, lanzó uno de los primeros dardos. Le recomienda que contrate un asesor de imagen, en vez de descargar toda la responsabilidad como 'manager' en su padre, el mediático Anthony. «La desastrosa representación de Lewis el jueves, cuando estuvo suspendido en un trapecio, debería hacerle comprender la importancia de tener un asesor a su medida», se puede leer. El periódico no escatima metáforas para describir lo que considera un infortunado menoscabo a la imagen de Hamilton. «Parecía una mezcla de Peter Pan y un astronauta».
La prensa inglesa pone como ejemplo a Michael Schumacher. Cuando el siete veces campeón del mundo dejó de ser un aspirante para convertirse en gobernador del cotarro, contrató una asesora de prensa profesional, Sabine Kehn, para gestionar su imagen.
La página web de Autosport, que se autodenomina la 'autoridad de la Fórmula 1', recoge las declaraciones de un gurú inglés de las relaciones públicas, Max Clifford, a Sky Sport. «Estamos hablando de un chico que tiene que ser respetado, no ridiculizado». El asunto ha trascendido lo deportivo, toda vez que Hamilton se apunta a un bombardeo (rema en un kayak o se descuelga de una cuerda en la escena de Troya) y en la cuna de la F-1 no quieren que se deteriore su imagen con sólo 23 años.