El José María Aznar con quien pactamos su investidura en 1996 no tenía nada que ver con el Aznar de la mayoría absoluta del año 2000. Le había salido, fuera de sí, el intransigente jacobino que había en él, y un resultado favorable ayudó a que se le cayera la máscara. Todavía recuerdo su emoción cuando nos decía que su máxima ilusión era poder ver el 'Guernica' de Picasso en el Museo Guggenheim de Bilbao, ciudad donde había nacido su padre. «Sería una buena foto para pasar de una vez la página de la Guerra Civil», nos decía en Génova 13.
El José Luis Rodríguez Zapatero que conocí en 1986 no tiene mucho que ver con el Zapatero del BEC del domingo. A pesar de que en la sede de Ferraz les dijo en mayo de 2004 a los jóvenes que él no cambiaría, ha cambiado, y mucho. Improvisador y hombre de coyuntura, no hará nada en Euzkadi hasta después de las elecciones autonómicas. Manda el partidismo de llevar a su candidato hasta Ajuria Enea. Lo dijo con determinación en Barakaldo. «Ahora hablo con Ibarretxe, mañana lo haré con Patxi López». Grandes aplausos. Igual le ocurre como con sus pronósticos fallidos sobre John Kerry, Gerhard Schröder, Ségolène Royal y Obama. ¡Que Dios le siga conservando su acreditada pituitaria electoral!
Por cierto, un BEC con muchísimas ikurriñas, ninguna bandera española ni de la República, cuatro ministros, el presidente de Andalucía, y el presidente del Gobierno español. La 'familia Zumosol' al completo. La candidatura del mando a distancia. El márketing en estado puro.
Quizás también lo mismo ocurra con Juan José Ibarretxe, a quien conocí allá por los años ochenta como candidato al Ayuntamiento de Llodio y en el Parlamento vasco. De aquel Ibarretxe y del que negoció con Rato aquella investidura de Aznar queda poco. Le veo demasiado encerrado en sí mismo, por lo que quizás no le falte razón a Zapatero cuando le pide que hable más con Patxi López, como lo hace él con el lehendakari. La diferencia sustancial es que Patxi, dígase lo que se diga, es sólo el jefe de una sucursal de la que Zapatero es el director general. Lo vimos cuando el portazo al plan del lehendakari en el Congreso, lo vimos cuando Chivite fue humillado en Ferraz cuando fue a Madrid queriendo pactar con Nafarroa Bai, lo vimos cuando Buen y Pastor fueron desautorizados públicamente por Pepe Blanco, lo hemos visto en esta legislatura cuando no han abierto la boca ante un Estatuto de Gernika clavado en sus 37 transferencias pendientes.
Y para colmo rieron divertidos cuando el presidente de la Comisión Constitucional, Alfonso Guerra, comparó al lehendakari con un sexador de pollos, después de haber dicho en el frontón de Sestao que en el Congreso habían cepillado el Estatuto catalán. A todos les hizo mucha gracia la feliz ocurrencia, quizás porque era verdad.
Pero sí. Algún virus deben de tener los palacios para que sus inquilinos cambien tanto.
Ahora, Zapatero ha encontrado la palabra clave para triturar la propuesta del lehendakari: «Es una aventura». Decía el escultor Jorge Oteiza que «la aventura puede ser loca, pero el aventurero tiene que estar cuerdo». Y yo creo que es mucho más aventura tener clavado un Estatuto, siendo una ley orgánica refrendada, que la propuesta de un lehendakari al que los diferentes portazos políticos de Madrid le han llevado a plantear una propuesta tan novedosa y revolucionaria como pedir la opinión de los ciudadanos.
De los varios mensajes que el lehendakari emitió el pasado jueves en ETB ante, afortunadamente, periodistas críticos, hay uno muy claro. «Si un presidente del Gobierno español puede hacerle una pregunta a los ciudadanos vascos, ¿por qué un presidente de los vascos no puede hacerle una pregunta a los ciudadanos vascos?».
Porque no, fue la respuesta de Zapatero el domingo en el BEC. Porque sí, es la regla suprema de la democracia. Consultar, dialogar, consensuar, discutir, aprobar.
La aventura es loca para Zapatero. No está dentro de la ley. ¿Cómo lo sabe? Sin embargo, el aventurero, para desgracia de quienes adversan a Ibarretxe, está muy cuerdo.
En el otro extremo, la oferta de Patxi López para su posible mandato suena bien. Apuesta por ofrecer una imagen de gestor que dé tranquilidad política y garantice los servicios sociales frente a la «radicalidad» y «al pasado» que supone Ibarretxe. Ofrece pues un «cambio tranquilo». Un eslogan por cierto nada original. Sarkozy en las presidenciales francesas fue más allá: «La ruptura tranquila». Son lemas de campaña ideados por un vasco para Mitterrand. Nada nuevo.
Y ahora, lean esto por favor:
«Euzkadi alcanzó en 2007 el mayor nivel de PIB por cápita del Estado». «Con 30.599 euros por habitante supera en un 31% la cifra media». «Euzkadi se libra de la subida general del paro gracias a la fortaleza de la industria. El desempleo baja un 1% en la CAV, en contraste con el repunte del Estado». «El sector aeronáutico vasco invierte en I+D el 12% total de la CAV. El sector aerospacial vasco prevé crecer un 5% este año». «En el 87% de los hogares vascos se recicla plástico y papel. El porcentaje ha crecido cuatro puntos con respecto a la encuesta del pasado año». «Nace el mayor grupo industrial fabricante de tubos de acero del Estado español. El nuevo grupo controla el 18% de Tubacex, el otro gran fabricante vasco de tubos sin soldadura». «Euzkadi ayudará a Colombia a recuperar 67 lenguas nativas». «El Gobierno vasco estudia instalar plantas de energía marina dentro del mar en pocos años. Supone un nuevo impulso de las apuestas por las energías renovables». «Bilbao lanzará una campaña de turismo en el sur de Europa». «El hospital de Galdakao efectuará mil operaciones quirúrgicas más al año, gracias a los cinco nuevos quirófanos que se unieron a los nueve existentes». «El Gobierno vasco eleva las ayudas a la inserción social. Subvencionará con casi dos millones de euros actividades en esta área». «La CAV está a la cabeza en desarrollo humano detrás de Islandia y Noruega». «Más del 65% de los hogares vascos tiene ordenador y el 52% dispone de Internet. La CAV es la primera región de Europa que garantiza la conexión en todos sus municipios». ¿Sigo? No tengo espacio. Son titulares de esta semana de noticias aparecidas en este diario. Demuestran que la situación vasca se encuentra en lo social, en lo económico, en lo cultural y en muchos otros renglones en uno de sus mejores momentos bajo el Gobierno Ibarretxe, a pesar de la desaceleración económica. 'Cambiar tranquilamente', según Patxi López, algo que funciona muy bien por una 'aventura' inestable como la del mismo López creo que es la verdadera aventura.
Puedo coincidir con muchos de mis compañeros de partido en que el Gobierno vasco tiene un departamento de, llamémoslo 'propaganda', información o publicitación de la realidad realmente malo. Se venden las buenas noticias envueltas en papel de estraza y se lava esa realidad con jabón 'Lagarto'. Bien. Pero esto se puede mejorar si en algún lugar de Vitoria alguien se pone las pilas. Que ya va siendo hora.
Pero el gran defecto de la hoja de ruta de Patxi López es que su aventura carece de casilla para solucionar la otra parte de la realidad: la existencia de una ETA asesina, los ataques a las casas del pueblo y a los batzokis, la intimidación, unos ayuntamientos donde gobierna ANV, porque así lo quiso el señor Rubalcaba, concejales que no condenan la violencia, una parte de la ciudadanía sin representación en las urnas, una demanda de autogobierno paralizada desde la LOAPA de Calvo Sotelo-Felipe González, etcétera.
¿Cómo piensa arreglar esto el tándem López-Zapatero?
Ahí está la diferencia de la 'aventura' de Ibarretxe con la 'aventura' de López. En la primera funciona estupendamente la gestión y a la vez propone horizontes de solución. La otra, con el Estatuto de Gernika paralizado, no marca estrategia alguna para abordar un problema que nace desde la última abolición foral, y sólo nos propone un cambio tan tranquilo y sosegado que sólo empeorará las cosas.
De momento, ya sabemos que el día 20 en La Moncloa Ibarretxe va a cosechar su tercer no. El presidente Zapatero quiere sacarse una fotografía en el balcón de Ajuria Enea, con todo derecho, como en su día se la sacó en el balcón de la Generalitat cuando Maragall fue elegido presidente. Estupendo. Pero, y de lo otro, ¿qué?