María San Gil ni se va del PP ni se ausentará del congreso, pero a Mariano Rajoy se le ha roto la cadena del partido por el eslabón más fuerte. Porque la férrea San Gil, que es mucho más que un icono en el País Vasco y una referencia en toda España, no quiere, como otros, quitarle la silla al presidente del PP, ni siquiera pide, como otros, destinos más cómodos fuera de Euskadi; tan sólo quiere mantenerse en su línea de oposición dura al nacionalismo porque no sirve, como otros, para defender una línea y su contraria sin que se le mueva la ceja de sus principios.
Por eso, su 'plante' se veía venir a partir del momento en que comenzaron los debates en el seno de la ponencia política, integrada por el canario José Manuel Soria, la catalana Alicia Sánchez Camacho y la propia San Gil. La líder vasca se ha apeado del documento por no identificarse con los postulados que estaba publicitando su compañero Soria, que abogaba por el acercamiento del PP a los nacionalistas y que no tenía nada que ver con lo que estaba defendiendo ella.
El concepto y la definición de España, así como el análisis de la situación política tras el contagio que el nacionalismo vasco ha propagado en otros nacionalismos periféricos, la ausencia de crítica al PSOE tras una legislatura de contemplación de los nacionalismos, así como las dificultades para hablar del rechazo a la negociación con ETA han enfrentado al líder canario y a la dirigente vasca, pero la crisis ha estallado por algo más profundo.
No se trata de un pulso entre Soria y San Gil. Se trata de una percepción, por parte de la presidenta del PP vasco, de que Rajoy quiere reconducir su partido hacia actitudes más centradas y amables a fin de recuperar votos. El presidente del PP tuvo en su mesa los dos textos, que él mismo calificó de «antagónicos», pero no fue capaz de tomar una resolución. Delegó en su delfín Lasalle que terminó redactando un texto que recogía todas las reflexiones de la dirigente vasca.
Pero el arreglo llegó demasiado tarde ya que, al mismo tiempo, Soria seguía declarando públicamente que el PP iba a apostar por hacer política de alianzas con los nacionalistas. Por eso el 'plante' de María San Gil ya no tiene vuelta atrás. A María la apoyan Antonio Basagoiti y Mari Jose Usandizaga, Carmelo Barrio, Abascal, Urquijo y Astarloa. Pero tiene sus detractores, que ven preocupados el negro futuro electoral que les espera en el País Vasco como el tótem de María se tambalee.
Tanto Esperanza Aguirre como Ana Botella piden a la dirección del partido que reflexione porque si María San Gil abandona ha tenido que ser por una dejación de principios que convendría analizar. Pero Rajoy dice que el único error que ha podido cometer él es no haber estado encima de la ponencia política. ¿Qué otra cosa más importante se supone que tiene que atender el presidente de un partido en vísperas del congreso de la redefinición?
t.etxarri@diario-elcorreo.com