Una iniciativa social promovida en la localidad de Flagstaff, situada en el Estado norteamericano de Arizona, trata de salvar de la ruina el último frontón histórico vasco existente. Para conseguir rehabilitar este frontón, que en la actualidad presenta un «serio deterioro», según informaron desde Euskakultura en un comunicado, su actual dueña, Patty Lutrell, calcula que necesitaría aproximadamente un millón de dólares, por lo que busca «el apoyo de las Organizaciones Vascas de Norteamérica (NABO) o de algún donante acaudalado».
El frontón fue construido por Jesús García en el hotel vasco situado en Flagstaff, Arizona, en 1926 y en estos momentos se encuentra «abandonado y se cae a pedazos». Sólo quedan parte de sus tres paredes de 12 metros de altura, que conforman uno de los catorce frontones que todavía existen al oeste de Estados Unidos y el único de Arizona. En el establecimiento de García se alojaban los pastores vascos que antaño trabajaban en la zona. Flagstaff contaba a principios de siglo con otros hoteles que albergaban a la hoy prácticamente desaparecida población de origen vasco de la localidad.
La nieta de García, Olga Esparza, recordaba recientemente en un artículo publicado por el 'Yuma Sun' cómo cada 4 de Julio, fiesta nacional en EE UU, la casa se llenaba de gente: los jóvenes inquilinos jugaban a pelota en el frontón, se bailaban danzas vascas y se comía tortilla de patata. «Tengo muchos recuerdos de esta casa, pero no sólo yo, sino también muchas otras personas de la zona. Ya no quedan muchos vascos en Flagstaff, ni en Arizona».
Los líderes políticos están de acuerdo en que el viejo edificio debe preservarse como parte del patrimonio histórico de la ciudad y el Estado. James Garrison, de la Oficina del Patrimonio de Arizona, ha dicho que apoyará cualquier intento de conservación del frontón y que está dispuesto a colaborar en la captación de fondos.