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No lo vi en directo, sino en una de esas 'batidoras' de imágenes estridentes que tantos canales fabrican para llenar horas de programación con escenas 'de impacto', como masajes en el abotargado cerebro del televidente. Fue una secuencia de cierta edición de 'Espejo público', ese mixto matinal de magacín e informativo que emite Antena 3. En la secuencia aparecía el cómico Félix Álvarez, 'Felisuco', explicando que a los preservativos había que ponerles ibuprofeno, para cuando la esposa de uno diga que le duele la cabeza. Lo que me interesó de la secuencia no era el argumento, sino el mero hecho de que pudiera expresarse en un magacín matinal.
¿Incompatibilidad horaria? Por supuesto, pero hay algo más: incompatibilidad temática. ¿De qué se habla en los magacines matinales de la televisión española? En vano buscaría uno escenas semejantes en cualquier magacín matinal de cualquier televisión europea. Y por otro lado, ¿qué hacía ahí 'Felisuco'? Este muchacho tiene todo el derecho del mundo a ganarse la vida como quiera mientras no vulnere la ley ni ofenda al prójimo, faltaría más. Lo que me llama la atención es que se le ofrezca la tribuna en un programa aparentemente informativo.
'Felisuco' se hizo famoso en 'El informal' de Telecinco, hace ya unos cuantos años; desde entonces se ha sabido construir un personaje que no suscita la admiración universal, pero sí la aquiescencia de unos seguidores que ponderan su 'vis cómica'. Pero 'Felisuco', que es un cómico de cierta fortuna, simpático para un determinado sector del público, ha metido estrepitosamente la pata cada vez que ha hablado de política. No quiero recordar cierto abominable tropiezo suyo cuando le dio por pontificar sobre la 'cuestión vasca'. Lo que sí quiero recordar es algo que, en aquella ocasión, el cómico arguyó a modo de disculpa: «No se confunda, yo no soy intelectual. Soy un borracho que gano millones hablando de las miserias de la gente».
Cada cual elige en la vida el disfraz que más le divierte, pero uno debería saber dónde puede y no puede entrar según el disfraz escogido. Aunque la falta no está en el intruso, sino en quien le invita para agradar al personal. Así tenemos la televisión más bufa de Europa.

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