La vivienda está ubicada en el barrio bilbaíno de
Txurdinaga. Ocupa ochenta metros cuadrados y tiene tres
habitaciones. «En cada una dormirán dos personas y en la
tercera un monitor de apoyo que les asistirá en las
cuestiones que les resulten más complicadas. El servicio
será siempre mixto y acogerá tanto a hombres como a
mujeres», explica la responsable de 'Etxerat', Laura
Fernández. Las personas que se acojan al programa
deberán hacer frente a los gastos del alquiler, que
rondarán los 350 euros mensuales. «Hace cuatro años
empezamos en el mercado ordinario, pero teníamos que
pagar entre ochocientos y mil euros más por un piso que
reuniera las características que demandamos, por lo que
muchos interesados no podían asumir los gastos»,
reconoce Fernández. Y es que uno de los aspectos a
valorar a la hora de elegir la ubicación de una vivienda
de este tipo es la existencia de una buena red de
transporte público, de manera que los usuarios puedan
desenvolverse.
La base del programa es la convivencia. Los
participantes compartirán todas las tareas diarias,
tales como la limpieza, la comida e incluso la compra.
En esta iniciativa de pisos compartidos participarán
jóvenes mayores de 21 años, que permanecerán en la
vivienda por un periodo de tiempo limitado. Las
estancias se prolongarán durante seis meses para
permitir de este modo la rotación de un mayor número de
beneficiarios.
Distintas fases
El de Txurdinaga no es, sin embargo, el único piso que
Viviendas Municipales ha cedido a la Fundación Síndrome
de Down. En enero del pasado año, la sociedad presidida
por Madrazo le concedió una primera vivienda, ubicada en
San Adrián. «En este caso, se trata de una primera fase
dentro del programa en la que las estancias son de tres
meses y no de seis. Esta segunda parte nos permitirá no
sólo ayudarles a poner en práctica más aspectos de la
vida cotidiana, sino que dispondremos de más tiempo para
enseñar a aquellas personas que tienen más
dificultades», aclaró la responsable de 'Etxerat'.
Una docena de discapacitados vivieron el año pasado en
el piso de San Adrián. «La experiencia es muy
satisfactoria. Sobre todo, porque son muchas las
personas de este colectivo a las que les gustaría poder
tener una vida independiente», apuntó Fernández. La
fundación espera contar en un futuro con una tercera
vivienda temporal, aunque no se comprometieron a
anunciar la fecha de apertura.