«Entiendo su enfado y públicamente digo que lo siento». El diputado de Medio Ambiente, Iosu Madariaga, se disculpó ayer con los grupos junteros por haberles dejado al margen del acuerdo alcanzado con la Diputación de Guipúzcoa para trasladar a Vizcaya 100.000 toneladas de residuos que el territorio vecino es incapaz de gestionar. El convenio entre las dos instituciones iba a ser aprobado hoy mismo en el Consejo de Gobierno, pero Madariaga decidió dejarlo sobre la mesa para buscar el consenso con los partidos políticos. Será por poco tiempo. El 'trasvase' se da por hecho, aunque la oposición exige garantías de que Guipúzcoa «cumpla sus compromisos» y no demore la puesta en marcha de las infraestructuras necesarias más allá de 2013.
En el borrador del convenio que ayer se entregó a los apoderados ya se contempla la posibilidad de aprobar «de mutuo acuerdo» una prórroga de dos años. La Diputación resta importancia a esta cláusula, que atribuye a los controles previos y a la fase de pruebas que necesitará la incineradora de Zubieta. Para las Juntas Generales, sin embargo, es importante amarrar el calendario y evitar que Guipúzcoa vuelva a incumplir los plazos marcados para dar una respuesta definitiva a sus necesidades de tratamiento de residuos.
«Ustedes han ignorado a las Juntas Generales para luego dejarles la patata caliente», se quejó Arturo Aldecoa, del PP. «Si no lo ratificamos somos insolidarios, y si lo hacemos no estamos sirviendo al interés de los vizcaínos». Sus palabras reflejaron el sentir general de la Cámara, donde el Gobierno foral no tiene mayoría absoluta. Los socialistas, principal apoyo del PNV en el presupuesto y en los grandes proyectos, mostraron su «enfado mayúsculo. Podemos coincidir con ustedes en dar una salida al problema de Guipúzcoa, pero han perdido las formas. Y si no lo aprobamos, ¿van a seguir adelante?», preguntó Joaquín Colmenero.
«Situación dramática»
Madariaga acusó recibo de las críticas. En su primera intervención, repitió buena parte del discurso de José Luis Bilbao, el auténtico artífice del acuerdo, anunció que el convenio se aprobaría hoy mismo en Consejo de Gobierno y recordó que el refrendo de las Juntas «no es legalmente necesario», aunque se buscará porque se trata de una decisión «política». En el turno de réplica, se mostró más conciliador. Hasta la representante del PNV, Nerea Ahedo, reconoció que las cosas «deberían haberse hecho otra manera» antes de mostrar su apoyo a la decisión adoptada, que calificó como «un acto de responsabilidad».
El diputado se comprometió a dejar el texto del convenio sobre la mesa «hasta que se incluya en el plan de gestión de residuos», que en la pasada legislatura se puso como ejemplo de consenso al aprobarse con los votos de todos los partidos salvo EB. Ayer, la formación de izquierdas -que gestiona la mancomunidad de basuras de San Marcos, cuyo vertedero ha superado su vida útil- reiteró sus críticas a la incineración y su sospecha de que el traslado de 25.000 toneladas al año desde Guipúzcoa «saturará los vertederos» y acelerará la segunda línea de Zabalgarbi. «La solidaridad ha acabado resultando una palabra tramposa», dijo Jonathan Martínez. Iosu Murgia, de Aralar, coincidió en que «el verdadero debate es incineración sí o no».
El responsable del Departamento de Medio Ambiente reconoció que los depósitos de Igorre y Jata quedarán «tocados» por el 'trasvase' -tratarán hasta un 45% más de basura que ahora-, pero descartó que eso suponga un problema. No le preocupa reducir la vida útil de los vertederos porque su objetivo es acabar cerrando estos recintos y potenciar el reciclaje, la incineración y el tratamiento mecánico-biológico. En cuanto a Zabalgarbi, recordó que la segunda línea ya estaba prevista mucho antes de recibir la llamada de auxilio de Guipúzcoa.
Los partidos eludieron entrar en polémicas sobre agravios territoriales y abordaron aspectos prácticos. El PP propuso esperar dos meses para estudiar en profundidad el convenio y obtener «un compromiso real» de la Diputación guipuzcoana. Para justificar estas cautelas, Aldecoa destacó que «en 16 años no han conseguido resolver un problema que evidentemente iba a peor. Han hecho el ridículo», censuró. Alertó del riesgo de escenificar «una versión moderna de 'la cigarra y la hormiga'» y añadió que Álava «se ha escapado como alma que lleva el diablo». Iosu Madariaga se mostró «de acuerdo con las garantías que exige el PP», aunque todo apunta a que el compás de espera no será tan largo como solicitan. La situación de las basuras en Guipúzcoa «es dramática» y exige una respuesta rápida. «Acepto la crítica de las formas, pero aquí no hay trampa ni mentiras», aseguró. «No ha habido negociación porque nosotros no hemos pedido nada a cambio. Habría sido mucho más fácil poner una excusa, pero estamos para resolver problemas», concluyó recuperando de nuevo el discurso del diputado general.