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Después de casi diez años de colaboración periódica con vosotros, me parecería hipócrita, y hasta un poco cobarde, transmitiros en estos momentos de zozobra algo así como 'mis sentimientos de apoyo y solidaridad'. Sería como hacerme a un lado, y apartarme de vosotros, aunque sólo sea por el tiempo que duran estas líneas, para, desde fuera, daros una especie de palmada en la espalda como señal de esa mezcla de ánimo y conmiseración que requieren las circunstancias. Creo que una década de trato tan intenso, en la que he llegado a conocer vuestros nombres y a reconocer vuestras voces, me da el derecho, y me impone también la obligación, de sentirme parte de vuestro proyecto y de dirigirme a vosotros como un colega más en esta tarea de difusión de la información y de creación de opinión. Desde ahí, pues, como un miembro más del equipo, un abrazo a todos vosotros, compañeros y compañeras de EL CORREO, en este momento en que ETA ha querido dejar constancia fehaciente de la dificultad y de la grandeza que implica vuestra profesión.
No es hora de elucubrar sobre las intenciones de la banda. Sólo una cosa es tan patente que no admite especulación: ni lo que hacéis ni la empresa en que lo hacéis gustan a ETA. Por eso, y no es ésta la primera vez, ha elegido vuestra rotativa para impedir que EL CORREO, el fruto diario de vuestro trabajo, salga a la calle. Se trata, claro está, de un ataque que va dirigido, en general, contra toda libre información y toda opinión independiente. Un aviso, por así decirlo, a todo aquel que navega por el incierto mar del periodismo. Pero es también, y muy en concreto, un ataque a vuestro modo particular de ejercer la profesión. Desde que decidisteis llamar asesino al asesino, terrorista al terrorista y fanático al fanático, sin endulzar la amargura de la cosa con el almíbar de los nombres, os convertisteis, no hay por qué ocultarlo, en objetivo preferente de la organización. El hecho causa, sin duda, inquietud, pero debería también llenaros de orgullo.
Permitidme a este respecto -alguna ventaja habría de tener la edad- una reflexión de compañero a compañero. No todos vamos a tener la suerte de ver el final de esta ignominia que ETA representa para nuestra sociedad. Pero no me cabe duda alguna de que muchos de vosotros, más jóvenes, sí la tendréis. Hoy es el día en que, sobre todo a estos últimos, os sentaría muy bien hacer el ejercicio mental de anticiparos a esa fecha y, mirando hacia atrás, repasar, como si fuera un pasado ya vivido, el trabajo que actualmente estáis realizando. Estoy absolutamente seguro de que vuestra conclusión será que estuvisteis del lado en que debíais haber estado y haciendo lo que debíais haber hecho. Esa conclusión, os lo aseguro, es la que más ánimo le da a uno en momentos de zozobra como el presente. Lo que hacéis merece la pena de hacerse. Un fuerte abrazo.

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