B arruntamiento de apuntes tácticos de régimen interno para futuros decretos sobre normalización del euskera -si las urnas no lo remedian-. Una vez ya por fin normalizados los hostales de dos estrellas y en proceso de estudio estratégico los de una y pensiones que sobreviven como receptáculo de polvos clandestinos, les toca el turno a enclaves cuya humildad no les resta importancia por el valor didáctico que ofrece su contacto directo con la chiquillería. Nos referimos a las tiendas de chucherías, puestos de castañas, los autos de choque, el tren de la bruja y similares. En todas estas industrias, la mitad del personal hablará euskera con fluidez. En negocios unipersonales, como suele ser el de las castañas, si el sujeto en proceso de normalización demuestra, sin lugar a que haya dudas sobre galvana o remolonería, su incapacidad manifiesta para aprender la lengua de nuestro pueblo, se acudirá a un equivalente de la solución de circunstancias que se adoptó con el enterrador Txoriburu -nombre cifrado para no avergonzarlo todavía más-, que no consiguió que se le quedara en el caletre ni 'bat, bi, iru, lau'. Cuando pasa por allí algún improbable visitante que demanda algo del solitario enterrador en euskera, Txoriburu no puede responderle, pero al menos muestra un cráneo con denominación de origen, como Hamlet con el de Yorik -probable nombre vasco-, que lleva dentro una radio en la que no suena más que Radio Euskadi en euskera. ¡Ah!, se me olvidaba. En el tren de la bruja los sustos orales serán también obligatoriamente bilingües.
Conquistados estos bastiones, podremos entrar ya de lleno en el alma popular de la sociedad vasca, es decir, las tascas. En las que están atendidas por esos veteranos matrimonios que han llegado a la simbiosis fisonómica a fuerza de miles de horas hervidas en el caldo del infierno conyugal y se parecen como dos gotas de agua, pues que una de las dos aprenda euskera. Si quieren, que se lo echen a suertes -en una tasca de gallegos se lo jugaron a sacar de un saco la oreja de cerdo más pequeña-. En las que tienen contratado a algún inmigrante por cuatro perras, que apenque éste, que ya total. El domingo, su único día de descanso, que aprenda euskera, que es más elevado para el espíritu que cocerse por ahí con el resto de la indiada. Aquí no se libra de aprender euskera ni 'Jaungoikoa'. Y no es una hipérbole. Ya tenemos a teólogos euskaldunes escudriñando hasta qué punto está normalizada toda la corte celestial.