L a decisión de la UNESCO de extender el reconocimiento como Patrimonio Mundial concedido a Altamira en 1985 a otras 17 cuevas representativas del arte rupestre paleolítico ubicadas en País Vasco, Cantabria y Asturias sitúa estos lugares en el mapa histórico de la creatividad humana como manifestación inicial de su inclinación artística. Su inscripción en la relevante lista elaborada por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura da notoriedad internacional a galerías que se habían mantenido ocultas o relegadas por la indiferencia hasta hace bien pocos años. Para las grutas vascas de Santimamiñe, Ekain y Altxerri debería servir de espaldarazo definitivo tanto para su preservación, sin duda el objetivo supremo, como para hacer partícipe a nuestra sociedad de la riqueza, artística y humana, que atesoran.
El desconocimiento sobre las existencia de estas primitivas obras de arte contribuyó sin duda a su mantenimiento en notables condiciones de conservación. Pero su visibilidad ahora, propiciada mediante réplicas, no debería convertirlas en meras paradas rutinarias de los circuitos turísticos. El acceso masivo a esas primeras huellas artísticas requiere un esfuerzo añadido por parte de las instituciones y de los expertos para preservarlas en su integridad y transmitir al gran público el significado cultural e histórico de la obra de los humanos que vivieron a lo largo de la cornisa cantábrica entre 35.000 y 11.000 años antes de Cristo. Las autoridades autonómicas y locales de las tres comunidades recibieron la noticia con una satisfacción que refleja el sentir compartido por asturianos, cántabros y vascos ante tan alto reconocimiento. Pero siendo importante el atractivo que para cada una de las tres autonomías supone que sus cuevas de arte rupestre formen parte del Patrimonio mundial, sería necesario que tanto en relación a ésta como a las demás expresiones culturales o reclamos turísticos sus instituciones cooperasen al máximo conscientes de que en un mundo global resulta muy difícil convertirse en referencia en solitario.