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Casimiro Arevalillo conoció la península de Zorrozaurre tal como aparece en la foto de la izquierda, un hervidero de industrias y talleres rodeado de barcos y humo. Empezó en 1974 y ha trabajado durante 32 años en el Puerto, siguiendo la tradición familiar. «Mi padre estrenó el canal», recuerda. «Yo entré de peón y me saqué el título de maquinista». Desde el principio se afilió al sindicato UGT, donde «he pasado por todos los puestos» y ha sido responsable de Puertos.
En el canal de Deusto el trabajo «era muy duro los primeros años. Mucho saco y mucho cemento», describe. «Los barcos se limpiaban prácticamente a mano, menos mal que no eran muy grandes. De 4.000 toneladas para abajo». Pero había más animación que en otras secciones «porque la gente era muy joven. Me gustaba bajar a las bodegas porque había buen ambiente, se hablaba mucho entre compañeros y a veces comías un bocadillo».
Y eso que tenían tajo. «Antes de que empezaran a imponerse los contenedores todo eran graneles y se cargaba de todo, muchos sacos y muchos bidones». Y se descargaba sobre todo «'siemprelita', unas piedras como las que se ponen a los gatos, que se usaba para evitar resbalones en las plataformas petrolíferas». Los trabajadores, «alrededor de 200», llenaban de vida la zona. Los pabellones tenían vestuarios y comedor, aunque con el tiempo se fueron quedando vacíos.
«Desaparecieron Sixto García y La Unión de Estibadores. Agemasa se trasladó a Santurtzi», enumera. En los últimos años, la zona donde el lunes entrará la piqueta ya estaba «prácticamente abandonada. Sólo Candina ha trabajado mucho con bobinas». Las concesiones expiraron en 2006 y Casimiro se jubiló con 55 años. Vive en Astrabudua y ha mantenido la costumbre de ir a comprar bacalao al pabellón de Islandia «por cajas enteras de cuatro o cinco kilos para arriba. Hace unos meses, creo que en Semana Santa, estuve por allí», dice. Ahora el almacén está a punto de desmontarse.

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