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POLÍTICA

Varios jefes de la banda han criticado en los últimos años a la actual cúpula

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Disensiones con precedente
'Txelis', a la izquierda, y Pikabea, esposados.
El malestar existente entre los presos de ETA siempre se ha caracterizado por ser soterrado y discreto, aunque en casos concretos se ha hecho visible y evidente. Al igual que un iceberg, mientras el 90% de las críticas se mantiene 'bajo el agua', en el ámbito de las comunicaciones privadas, hay otro diez por ciento que aflora a la superficie.
Los casos más claros de discrepancias que han superado los cauces internos de la organización tienen como protagonistas a veteranos presos con un gran predicamento como José Luis Álvarez Santacristina, 'Txelis', y Kepa Pikabea, antiguos jefes del aparato político y militar, respectivamente, que en febrero de este año fueron expulsados del colectivo de presos de la banda (EPPK) por su críticas a la cúpula etarra. Con anterioridad, Francisco Mujika Garmendia, 'Pakito', y otro cinco presos habían sido también depurados internamente por haber defendido el abandono de las armas.
'Txelis' y Pikabea han sido dos de los dirigentes que han mostrado de una manera rotunda su decepción por la ruptura del alto el fuego. Ambos criticaron que la tregua se hubiera roto «sin tener en cuenta a los presos» y acusaron a la organización terrorista de «agitar el fantasma de la división» para evitar cualquier debate dentro de las cárceles sobre la conveniencia de continuar con la violencia. En una carta repleta de cargas de profundidad, los dos reprochaban a la dirección de la banda «no aceptar disensiones éticas y políticas». Además les censuraban por actuar desde una contradicción flagrante cuando reclamaban a otras fuerzas e instituciones libertad de expresión o autocrítica «que luego no se aceptan en casa».
Asamblea interna
Con anterioridad, en 2005, ETA suspendió de militancia a 'Pakito' y otros cinco etarras entre los que se encontraban Ignacio Arakama, 'Makario' -representante de ETA en las conversaciones de Argel con el Gobierno socialista- e Iñaki Bilbao Beaskoetxea, que llegó a formar parte de la cúpula. Estos reclusos elaboraron en 2004 un escrito en el que afirmaban que «nunca en la historia de la organización» habían estado «tan mal». «El día a día nos está enseñando que no tenemos la capacidad y los medios (por mil razones técnicas y no técnicas) de desplegar y desarrollar una lucha armada eficiente, constante y con capacidad de disuasión -afirmaban-. Somos muy débiles en ese sentido. Pero nuestro capital y potencial político está ahí, explotémoslo en todas sus virtualidades: la lucha institucional y la lucha de masas».
Según los expertos de la lucha antiterrorista, en la actualidad ETA busca evitar de cualquier forma un debate interno descontrolado que ponga en evidencia sus disensiones internas y permita dar expresión a las voces que cuestionan la lucha armada. Las fuerzas de seguridad ya han detectado la puesta en marcha de una asamblea interna dentro de la banda para intentar reconducir el malestar existente.

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