P or fin han llegado las vacaciones a la ciudad, ya que no toda la ciudad se ha ido de vacaciones. Los últimos fines de semana, ante la irremediable proximidad de agosto, ha sucedido: entre los que se han ido lejos y los que se han ido cerca, la ciudad (esta ciudad emblemática y sin nombre donde ocurre el verano) ha quedado vacía. Es un decir. Digamos con más precisión 'vacante de muchos de sus pobladores'. Aún así, eran muy pocas las plazas libres para aparcar en las calles. Es fantástico que en esta ciudad, la del verano y no digamos la del invierno, haya que pagar por hacer algo que es imposible hacer: aparcar el coche junto a la acera. Nuestro pequeño mundo cotidiano está lleno de abusos que dejamos pasar porque tenemos prisa. A finales de julio la prisa se escapa de las calles, pero mucha gente anda desalada por aprovechar las vacaciones a tope o por terminar ese trabajo que exige horas extras, y hay quien va de fiesta en fiesta montándose un verano de infarto. Así que, entre prisas y abusos, el infarto es una de las formas de irse al otro barrio más utilizadas por la gente. Y aunque el nuestro, nuestro barrio, se quede dormido, la señora de la guadaña no descansa. Por eso la Policlínica Gipuzkoa ha inaugurado un servicio de rehabilitación cardiaca en el que se incluye el tratamiento psicológico para los pacientes y sus familiares. La mitad de los enfermos que han sobrevivido a un ataque cardiaco sufre depresión, y hay que tener en cuenta que la vida, es decir, ciertas personas, más que ayudar al enfermo suelen hacer lo posible por hundirlo del todo. Cuenta Mariano Larman, cardiólogo de la Policlínica Gipuzkoa, que los factores psicosociales influyen tanto como la hipertensión arterial o la obesidad en el origen de un nuevo infarto. Y habría que decir que también en el origen del primero. Hace tiempo leí un titular que no se me ha olvidado. Rezaba exactamente: 'Tener un jefe injusto daña el corazón'. Las oficinas, y más aún los misteriosos puestos de trabajo inexistentes en los recovecos de nuestra sociedad llena de sombras, son lugares donde se cometen o se intentan muchos asesinatos que quedan impunes. Algunos médicos empiezan a considerar los factores psicosociales en su tratamiento del infarto, mientras que la mayoría de los médicos evita cuidadosamente sumergirse en tales honduras. Tal vez porque los 'factores psicosociales' podrían requerir un psicólogo primero y un abogado después.