E l nombramiento de la señora Sarah Palin como candidata republicana a la vicepresidencia de Estados Unidos ha sorprendido a casi todos. Razones de índole electoral habrán inducido al señor McCain, el candidato a presidente, a confiar en ella. Una mujer, después de que Hillary Clinton perdiera su nominación; una mujer y política, llegada desde abajo y alejada de la capital federal; una gobernadora comprometida a fondo con su Estado, Alaska; una mujer todavía joven, y bella, al lado de un candidato varón y mayor. Son factores que repintan la candidatura republicana.
Pero lo que ha llamado la atención en la personalidad de Sarah Palin es lo relativo a su vida familiar y personal, y los valores propios que asume. Cristiana evangélica de religión, defiende un concepto de familia 'tradicional'. De hecho, su familia es numerosa, cinco hijos, con uno, militar, otro, un bebé que padece síndrome de Down, y una chica de 17 años, embarazada y con promesa pública de contraer matrimonio con su joven novio. En este mismo terreno de los valores, Sarah Palin es contraria al aborto y la eutanasia, y partidaria de la pena de muerte en determinados casos; defiende la libre tenencia de armas y gusta de usarlas como cazadora; más profundamente, parece partidaria de la teoría de la 'guerra preventiva'.
Pero, ¿por qué lo que representa esta candidata ha de suponerse que sumará votos a los republicanos?
Bueno, hay que reconocer que la sociedad americana es partidaria de la libertad moral y religiosa de las personas, como nosotros; pero, a la vez, buena parte de ella piensa que quien vaya a gobernar es más de fiar si tiene convicciones religiosas y, por ende, también morales. Nótese que para ellos las convicciones religiosas y morales van unidas, desconfiando de su separación; y nótese que para ellos las convicciones morales más 'tradicionales' son más 'naturales' y queridas por Dios; y nótese que la religión es ante todo un asunto personal, con efectos directos en la vida y actividad del individuo, y no tanto como iglesia o grupo.
Largo sería ver la clase de laicidad que está detrás de todo esto. Más concreta es la observación recién dicha: buena parte de la sociedad americana confía en los valores morales tradicionales, los referidos a un concepto 'clásico' de ley natural, y esto fundado en Dios, como el mejor quicio para la vida personal y familiar del gobernante. Se dice que hay muchos intereses materiales y mucha manipulación de por medio. Lo creo así. Me parece, en muchos aspectos, ¡en otros no!, que esa moral 'conservadora' es una moral cristiana poco evangélica, y humanamente, desequilibrada. Pero no está de más reconocer esto: la gente 'moderna' puede creer en valores 'tradicionales' y hasta necesitarlos. Las religiones tienen oportunidades muy serias a través de las personas y su vida. Cuando hay miedo y desorientación social, la gente pregunta por valores 'naturales', aunque no siempre se cumplan.
Una moral pública moderna tiene que ser muy crítica con la tradición premoderna, en cuanto pasado, pero no en cuanto sabiduría. No se puede ser modernos y, a la vez, instalarse en un racionalismo estrecho y solipsista. Ser modernos es practicar la autocrítica y la apertura mental a la verdad de la experiencia ajena. El conservadurismo moral no se desprecia, sino que se discierne, y democráticamente es un sumando de la moral civil común.
De todos modos, quizá lo que más valga de la señora Palin y su familia es una fotografía. ¡Sociedad de las imágenes!