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L a dramática agitación, los acontecimientos sensacionales y los titulares espectaculares que acompañan a la actual crisis financiera han hecho que se hable del fin de una época. Sin embargo, a pesar de que la misma ocupe toda nuestra atención, no son las convulsiones del sistema financiero lo que cambiará de manera permanente y fundamental el paisaje en el que actúa el ciudadano europeo medio. Es la progresión menos palpable pero constante de una tecnología, en forma de comunicaciones digitales e Internet, lo que está transformando completamente nuestras vidas. Internet cambiará no sólo la manera en que concebimos la vida social, sino también la forma en que interactuamos económicamente. Asimismo, transformará el entorno económico de los individuos y expandirá las oportunidades a que pueden acceder.
Trescientos millones de personas se conectan a Internet en la UE y 150 millones ya lo utilizan para comprar. El 60% de los ciudadanos recurre a la Red para comparar precios y proveedores y para conseguir información en tiempo real sobre la calidad de los productos. Internet garantiza que los consumidores puedan encontrar, con unos pocos pasos, el producto que desean al mejor precio posible. Millones de individuos han conseguido un fácil acceso a mercados secundarios que proporcionan una buena relación entre coste y calidad, y miles de individuos utilizan Internet para desarrollar empresas a pequeña escala. Éste es el resultado de la evolución del comercio minorista 'on line', que ofrece plataformas innovadoras que facilitan las transacciones entre individuos y empresas. Hoy en día, cualquier persona puede exponer sus productos y acceder a la logística global más avanzada para comprar o vender una cámara de vídeo, un sello raro o un viejo jarrón.
En un momento en el que los presupuestos de los hogares europeos se ven sometidos a presión por el deterioro de su poder adquisitivo, no podemos permitirnos ignorar esta oportunidad de que puedan acceder desde sus ordenadores a este comercio minorista eficiente. Se prevé que los ingresos del comercio en línea se eleven a 128.000 millones de euros en la UE en 2008, y que se incrementen el 230% en cinco años. Pero esto solamente sucederá si tomamos las medidas adecuadas. Desafortunadamente, la realidad es que todavía no existe un mercado minorista a escala de la UE, a pesar de que el comercio transfronterizo 'on line' debería ser prácticamente gratuito. Este hecho disminuye en gran medida las oportunidades disponibles para los consumidores y los incentivos para que las empresas crezcan. Solamente una de cada cinco personas que compra 'en línea' se aventura más allá de sus fronteras nacionales. Aunque se trate de la impresionante cifra de 30 millones de personas, apenas llega al 7% de la población adulta de la UE. Muchas personas simplemente no conocen las oportunidades a su disposición. Por ejemplo, una cámara digital puede costar un 33% más en Finlandia que en Alemania, con una diferencia de precio absoluta que seguiría siendo sustancial incluso después de añadir los costes de transporte. Pero el 37% de los ciudadanos de la UE todavía se sienten más seguros si compran 'en línea' a un comerciante de su propio país. Las propias empresas se enfrentan a auténticas barreras para suministrar sus productos a otros países. Sólo uno de cada cinco minoristas de la UE vende a otros países, mientras que el 80% de ellos ignora un mercado de cientos de millones de personas. Las grandes empresas ofertan en muchos casos en toda la UE, pero de manera incompleta. Algunas de ellas incluso se aprovechan de las fronteras para establecer una discriminación de precios a lo largo de la UE.
Sería un error que nuestro fragmentado mercado 'on line' nos hiciera llegar a la conclusión de que ni las personas ni las empresas están interesadas en el comercio electrónico transfronterizo, o que éste es irrelevante. Los estudios sobre las satisfacción de los consumidores muestran que la evolución del comercio electrónico no llega a satisfacer sus expectativas y que les decepciona. Asimismo, se muestran cada vez menos tolerantes con la discriminación geográfica dentro de la UE. De ahí que la Unión deba abordar urgentemente el problema que supone la existencia de un mercado minorista fragmentado e ineficiente en Europa. La Comisión propondrá esta semana un nuevo acto legislativo que armonizará los derechos básicos de los consumidores en toda la UE, constituyendo la iniciativa más completa nunca emprendida en este ámbito. Se establecerá una única y simple serie de derechos que se concederán a los consumidores en toda la UE, con independencia del lugar en el que se encuentren o en el que hagan sus compras, tanto 'on line' como de manera tradicional.
Con arreglo a la legislación europea, los consumidores tienen una serie de derechos básicos pero que varían en función de los países, lo que deriva en un mosaico reglamentario que representa un obstáculo tanto para los consumidores como para las empresas. A partir de la propuesta de la Comisión, los comerciantes podrán utilizar las mismas condiciones contractuales en todos los países de la Unión, con lo que se reducirán en un 97% los costes que representa el cumplimiento de la normativa para proveer a todo el mercado de la UE. Deberá proporcionarse a los consumidores algunos datos clave, como el precio final y las características del producto, antes de fijar el contrato. Las cláusulas abusivas estarán prohibidas en toda la Unión. La legislación se ajusta a las necesidades del comercio electrónico y por teléfono móvil al establecer que son medios válidos de información entre las partes de una transacción. Se definirán normas sobre la entrega, el derecho de desistimiento, los períodos de reflexión o los productos defectuosos, y se impondrán a todos los minoristas de la UE sin excepción. Esta propuesta tiene como objetivo, en definitiva, que si un consumidor tiene la confianza suficiente para comprar de forma tradicional también debería tener confianza para comprar 'on line' en su país o en cualquier otro lugar de la UE.

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