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Opinión

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Dice la cultura popular que el ajo, el agua bendita o los crucifijos son maneras de ahuyentar a un vampiro. Se dice además que un vampiro no puede caminar por un terreno consagrado, como iglesias o templos. Si bien los vampiros pertenecen a la cultura eslava, en la actualidad comienzan a dar testimonio en nuestro país. Recientemente los tribunales daban orden de eliminar los crucifijos de algunos colegios siguiendo las consignas de este Gobierno confesional de la escuadra y el compás. Parece que existe algún tipo de rechazo 'vampírico' hacia los crucifijos, que como todos sabemos son culpables del paro, la crisis económica, la subida del precio de la vivienda y de los alimentos de primera necesidad; de las listas de espera en la sanidad pública, del fracaso escolar y los altos índices de drogadicción entre los jóvenes, del abandono de nuestros ancianos, las bajas pensiones, la alopecia y el fracaso sexual... y es por eso por lo que el Gobierno, siempre preocupado por los grandes problemas de los españoles, se ha lanzado a eliminar los crucifijos de la vida pública y no ofender así a tanto vampiro. Los estudiantes están tan contentos que han olvidado ya el Plan Bolonia y ven con mejores ojos sus aulas tercermundistas, incluso alguno ha comenzado a tener esperanza en encontrar un trabajo. Por suerte, parece que por ahora estos vampiros no precisan de sangre para sobrevivir como en tiempos pasados en los que ser cristiano era algo arriesgado que en ocasiones se pagaba con el martirio. ¿Tendremos Navidades este año? ¿Se arrestará a los Reyes Magos?

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