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L a disolución del Parlamento vasco y la convocatoria de las próximas elecciones autonómicas sorprenden a la izquierda abertzale predicando sobre la necesidad de constituir un bloque independentista fuerte, pero sin saber si serán capaces de presentar listas en los comicios del 1 de marzo.
Hace unas semanas se especulaba con la posibilidad de que se constituyera un polo soberanista que agrupara a la izquierda abertzale, a EA o a personas vinculadas al sindicato ELA, pero la iniciativa tenía más de especulación política que de movimiento real de los posibles protagonistas de ese polo. Cualquier operación que insinúe la constitución de un tercer espacio sin la presencia de ETA cuenta de entrada con el rechazo de la organización terrorista. En uno de los documentos sometidos al debate de los miembros de ETA en los meses pasados se advertía que este tipo de iniciativas «deben neutralizarse sin que lleguen a engordar».
Los últimos atentados de ETA -el asesinato del empresario Inaxio Uria, los cinco coches bomba que han estallado en los últimos tres meses, la presión terrorista al PNV- han servido para evidenciar la imposibilidad de que la izquierda abertzale participe en una operación política con otros sectores del nacionalismo ante su incapacidad de desmarcarse de los crímenes etarras. Quizás nadie pensaba en serio en realizar operaciones para crear terceros espacios, pero ETA sabe cómo impedirlas por si la idea le había pasado a alguien por la cabeza.
La doctrina oficial de la izquierda abertzale en este momento es que debe liderar la creación de un bloque independentista que sea una alternativa al reformismo del PNV, un bloque capaz de impedir una eventual reforma del Estatuto de Gernika en la que, según denuncian, estarían involucrados el partido de Iñigo Urkullu y los socialistas. Mientras los portavoces civiles teorizan sobre la creación de una alternativa independentista frente al PNV, ETA atenta contra los flancos sociales de este partido. En el debate de ETA de 2003 la banda decidió que había caducado «la protección del carné de afiliado del PNV». En el de 2007 repitió que «por tener carné del PNV» no se estaba a salvo y ha decidido demostrar que es cierto.
Tanto ETA como su entorno político tienen claro que deben esforzarse para frenar lo que llaman «la involución abertzale del PNV», pero no saben como resolver el problema de la comparecencia electoral. Arnaldo Otegi, en sus últimas declaraciones públicas efectuadas hace poco más de un mes, defendía con vehemencia la necesidad de que la izquierda abertzale hiciera un esfuerzo para estar presente en las elecciones y en las instituciones, pero no parece que estén dispuestos a realizar el único esfuerzo que les garantizaría poder volver a la legalidad: desmarcarse del terrorismo.

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