A los 25 años escribió 'Coños', como homenaje a 'Senos' de Gómez de la Serna, a partir de ahí, la firma y la persona de Juan Manuel de Prada comenzó a aparecer en tribunas, tertulias, columnas, reportajes, novelas y ensayos. En 1997 ganó el Planeta con 'La tempestad'. Nació en Barakaldo, pero se crió y creció en Zamora. Tiene 39 años. Colabora habitualmente en el dominical 'XL Semanal' y ahora publica una selección de artículos -él los denomina «partes de batalla»- recopilados en 'La nueva tiranía. El sentido común frente al Mátrix progre' (Libroslibres).
-¿Qué es el 'Mátrix progre'?
-Es una alusión cinéfila a la película 'Mátrix', de Adam Gurowski, y a lo que aludo es a una realidad que aceptamos como natural y que es una realidad artificialmente creada. ¿Cómo se ha creado? La ha creado la izquierda y la ha asumido mansurronamente la derecha.
-¿Por qué lo hace?
-Miedos, inseguridades, complejos.
-¿Desde cuándo ha impuesto este modelo la izquierda?
-El punto de inflexión habría que situarlo en la caída del Muro de Berlín. En ese momento la izquierda acepta el orden económico de la derecha. Acepta que han caído sus dogmas y entonces lo que dice es que ya no hay dogmas. El lema, para nuestra vida, ya no tiene que ser: 'haz lo que debas', sino 'haz lo que quieras'. La derecha, de alguna manera, renuncia a plantear el lema alternativo y comienza a jugar en campo contrario.
España, gran laboratorio
-Este fenómeno ¿se produce sólo en España?
-No, no. Yo creo que es un asunto que se extiende por todo Occidente. Lo que sí es verdad es que en España se percibe de manera más evidente. Digamos que España es el gran laboratorio del 'Mátrix progre', el campo de experimentos de este nuevo orden.
-En algunos de sus planteamientos asocia democracia con tiranía.
-Antes, la tiranía reprimía, prohibía y hasta te podía cortar el cuello. Ahora la tiranía se enmascara en la libertad absoluta, en el 'todo vale'. Los tiranizados de hoy piensan que son absolutamente libres, cuando lo único que han conseguido es la absoluta insatisfacción. Les dicen: consumid, abortad, no estudiéis demasiado, y ellos, en vez reflexionar, en vez de modelarse con un criterio propio, dicen a todo que sí. Los jóvenes siempre eligen lo más fácil.
-¿Usted cree que en esa permisividad se busca un granero de votos, sobre todo en la juventud?
-Sin duda. La nueva tiranía inyecta ideología mediante planes estratégicos que ejecutan a través de la educación, de paradigmas culturales, de medios de propaganda. La izquierda está arrojando a los ciudadanos al caos. El caos, a la corta, puede ser tentador, y de hecho lo es, pero a medio plazo te destruye. Te convierte en pelele.
-¿Pensar por uno mismo es la asignatura pendiente de la educación?
-La libertad de criterio es una aspiración irrenunciable del ser humano ¿Cómo se conquista? Pues se conquista cuando tú transmites conocimiento a la persona para enjuiciar la realidad, y, al mismo tiempo, le das las armas necesarias para que todo aquello que le transmites lo pueda cuestionar. Esa es la esencia de la educación y la esencia de la libertad.
-¿Y la izquierda no lo hace?
-No. La izquierda ha roto con la tradición. Considera que no hay nada que merezca la pena de nuestro pasado. ¿La religión? Un asco. ¿La familia? Una estupidez. ¿La historia del arte? Para qué. Exalta el nihilismo, el capricho, la ociosidad. No te entrega nada sólido. Lo decíamos antes: ideología de fácil consumo para captar votos y ganar las siguientes elecciones.
Lo peor, «bajar el listón»
-¿Usted cree que no se puede vivir honradamente fuera de la religión o al margen de la tradición cristiana?
-En esta fase de la historia que nos ha tocado vivir, todo se aborda desde posturas ideológicas. En mi modesta opinión, la única postura alternativa a la izquierda y a la derecha no es una alternativa ideológica sino antropológica. Y esa alternativa antropológica, en este país en el que vivo y me he educado, entronca con el cristianismo.
-Pero anatemizar al no creyente sería incurrir en lo que critica.
-Sin duda. Yo expongo mis argumentos de la forma más inteligente que puedo, y quiero que me los rebatan al mismo nivel. Lo peor, claro, surge cuando bajas mucho el listón, cuando te arrastras con el insulto, la vejación o la violencia.
-¿Usted reza?
-Sí rezo. Muchas veces pienso que lo más fácil para mí sería no creer. Pero la grandeza nunca está en la renuncia sino en la lucha. Y para tener fe hay que combatir mucho, sobre todo contra uno mismo.