Comprarle una tortuga de agua al niño y depositarla en un río o una charca cuando al pequeño se le pasa el capricho tiene serias consecuencias. Estas mascotas suelen pertenecer a especies exóticas muy voraces que cuando llegan al Zadorra o a los humedales de Salburua compiten por el espacio y la comida con las autóctonas y acaban sin piedad con cuanta larva o huevo de anfibio y de pez ven a su alcance. Esto es, ponen en peligro a especies vulnerables como los galápagos leprosos y europeos y a otras amenazadas, como la rana ágil, explica el biólogo del Centro de Estudios Ambientales (CEA) Gorka Belamendia.
El CEA ha puesto en marcha una nueva campaña de control de la población autóctona de tortugas de agua que persigue poner coto al invasor en Salburua. Según los censos realizados entre 2002 y 2008, en los humedales existen un total de once ejemplares de galápagos autóctonos -diez leprosos y uno europeo- que aguantan con los embates de sus parientes de Florida y de las falsas tortuga mapa.
La presencia de estos foráneos se considera preocupante. En las dos campañas, los especialistas capturaron siete individuos invasores que llevaron al centro de recuperación de animales de Martioda. «Uno de ellos era una hembra que fue sorprendida cuando ponía varios huevos», relata Belamendia.
El CEA realizará en julio un nuevo control para obtener más información de los individuos autóctonos y erradicar a los invasores. Los técnicos pondrán nasas con cebo en más 160 puntos de muestreo entre Arkaute y Betoño para capturar a los galápagos. A los ejemplares autóctonos nuevos se les colocará un chip y a los ya conocidos se les medirá y se les hará un reconocimiento. El resto acabará en el centro de recuperación de Martioda.
Esta vez, el CEA confía en saber más de lo que ocurre con las comunidades de leprosas y europeas. Así, quiere despejar incógnitas como la de por qué hay más hembras que machos -tres por cada dos- y por qué predominan los adultos frente a los jóvenes. «Los exóticos pueden llegar a atacar a galápagos pequeños de otras especies, no sabemos si por eso hay tan pocos autóctonos jóvenes», reflexiona Belamendia.
Pensarlo antes de comprar
Asimismo, el técnico del CEA pide a los alaveses que se lo piensen bien antes de comprar una tortuga de agua de Florida. «Deben saber que son especies muy longevas que pueden llegar a vivir cincuenta años y a medir hasta cuarenta centímetros. Si creen que se va a aburrir, es mejor que sean responsables», dice. En cualquier caso, antes de depositarlas en un río es recomendable pedir consejo al Centro de Protección Animal de Armentia.