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Todos dan como favorito a Contador, pero nadie descarta al americano pese a sus cuatro años dedicado al maratón y a beber cervezas

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El Tour que teme a Armstrong
Armstrong, un amante del surf, será sin duda uno de los ciclistas a seguir durante la ronda gala que comienza hoy en Mónaco. / EL CORREO
En julio de 2005 Lance Armstrong se bajó de la bicicleta. Cogió el micrófono y pidió al público de París que creyera en los milagros. En el suyo. Luego se fue a casa con su séptimo Tour. El final de una era dominada por su voluntad. En su equipo, alguien dejó escapar una confidencia: «No ha llegado a exprimirse a tope en ninguna etapa». Construyó su séptima victoria como si nada. Un trámite sin oposición alguna. Otro triunfo por derribo. Hoy, tras cuatro años jubilado, vuelve a la Grande Boucle. «En el prólogo iré al cien por cien», avisa. No sabe hacerlo de otra manera. Gen ganador. Por eso, porque es él, el superviviente del cáncer que conquistó el Tour hasta siete veces, nadie le descarta para el 'octavo'. Para un desafío increíble al que ningún corredor se ha ni acercado: Poulidor subió al podio como tercero en 1976 con 40 años y hace mucho, en 1922, Firmin Lambot venció con 36 años y cuatro meses. El más longevo. Armstrong cumplirá 38 años el 18 de septiembre. Otra luna para pisar el primero. ¿Es posible?
En Mónaco, el circuito sede hoy del prólogo, sólo rueda esa cuestión: ¿Armstrong o Contador? La respuesta se estiba del lado madrileño, seguido por Evans, Menchov y Andy Schleck. Armstrong, según un sondeo de la Prensa gala, es quinto, por delante de Sastre, Leipheimer, Kreuziger y Gesink. Encuestas al fin y al cabo. Dice Merckx que el favorito es Contador. A Armstrong le coloca tercero. Hinault confía en que el madrileño destroce al americano. La candidatura de Contador es casi unánime. Aunque hay excepciones. Como Pereiro, que apuesta por el tejano. Y da el argumento irrebatible: «Porque Armstrong es Armstrong». Si hay alguien capaz... ¿Borrón y cuenta vieja en el Tour?
En el ciclismo si tu silla se despista, alguien se sienta. Contador la ocupa ahora. Armstrong asume que ya no es el número uno. Eso dice al menos: «He progresado en el Giro, pero el retorno está siendo más difícil de lo que pensaba». Su problema, más que la edad, es la inactividad. Esos tres años y medio de «cervezas sentado en el sofá». Ahí está su duda. Lo resumió ayer el mánager del Astana, Johan Bruyneel: «Contador ha cumplido a la perfección el camino adecuado para llegar al Tour. Sé que está preparado. De Armstrong no puedo decir lo mismo. No lo sé». De nuevo la duda. El propio ciclista americano asegura que la edad no será su freno. «El año que viene seré más fuerte que éste». Lo que no sabe es si su reconstrucción como corredor llegará a tiempo para este Tour.
El de Armstrong es un caso observado por fisiólogos y médicos. Lupa sobre cada uno de sus pasos. Unos meses después de colgar la bicicleta, ya en 2006, se encaprichó con la prueba de maratón. Disputó tres y a cada intento le dedicó medio año de preparación. En Nueva York, en 2006, marcó un tiempo de 2 horas y 59 minutos, a 50 minutos de los grandes especialistas. Un año más tarde rebajó su marca: 2h.46m. Y en abril de 2008 realizó 2h.50m. en Boston. Su objetivo era bajar de dos horas y media en el cuarto intento. No llegó a tomar la salida. Una carrera de mountain bike le recordó sus orígenes y encendió la chispa del regreso a la bicicleta.
Pese a la meticulosa preparación del maratón, nunca dejó de pedalear. Como si no hubiera descartado un retorno. Su plan semanal era así: el lunes, una hora larga de carrera a pie con series de intensidad; el martes, dos horas de mountain bike; el miércoles, 15 kilómetros a pie a una media de 3 minutos y 20 segundos cada mil metros; descanso el jueves; el viernes, más de tres horas de bicicleta; el sábado, entre 24 y 32 kilómetros de footing, y el domingo, o bien un paseo en bicicleta o bien una jornada de tregua. Este sistema, planeado por su preparador de siempre, Chris Carmichael, poco tiene que ver con la versión de un deportista jubilado sentado en el sofá sorbiendo cervezas.
El último en frenar
Aun así, los especialistas destacan la dificultad de rentabilizar el trabajo de la carrera a pie con la bicicleta. Son intensidades diferentes y se implican distintos grupos musculares. También perdió los automatismos en carrera. De ahí caídas como la de marzo, en la Vuelta a Castilla y León. «Antes de retirarme, yo era el último en frenar. Cuando volví era el primero. Ahora ya soy de los últimos. El pasado Giro me ha vacunado», advierte. Acabó decimosegundo la ronda italiana. Sorprendió. El pelotón teme que desempolve su viejo motor. El de mayor cilindrada. El resto lo conserva intacto: la fuerza mental, la técnica de pedaleo, la aerodinámica... Y, claro, su ambición. «Corro gratis». Por dos motivos: para difundir el mensaje de su fundación contra el cáncer. «Y porque me gusta competir». Sinónimo para él de 'vencer'. Adicto a la pelea. «Yo ya he probado que soy un gran corredor. Estaría contento con quedar entre los tres o los cinco primeros. Pero también puedo volverme a casa cuando quiera», dice.
Los rivales le miran. Como el público de Mónaco. Comprueban que pesa 73 kilos, uno menos incluso que cuando aplastó a sus rivales en el Tour 2005. La misma mirada metálica. Ese gesto de dientes apretados. Casi todos citan a Contador como referencia. Pero casi nadie se atreve a descartar a Armstrong. Todo está en su contra: edad, estudios fisiológicos, inactividad... Sólo una cosa a su favor: «Es Armstrong». Que busca otro capítulo en su increíble historia.

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