Diez últimos minutos de locura pusieron a prueba los corazones de público y entrenadores. Jota no podía disimular el nerviosismo. Cualquier cosa pudo pasar. A quince minutos para el final, 20-17 para el Granollers. A poco más de cinco, 20-23 para el Naturhouse. No supo rematar. En cualquier caso, el despliegue de unos y otros mereció premio. El punto es algo. Los de casa tuvieron la última posesión, incluso el último libre directo, ya con el tiempo finalizado. Lo intentó Salva Puig. Antes, Cutura, varias veces. Vigo, Tioumentsev y Paco López tampoco encontraron la red de Ohlander. Hasta Romero, infalible en los seis metros, estrelló contra el sueco el que hubiese sido el 22-24.
La lectura debe ser positiva, en cualquier caso. Los locales necesitaban mucho más la victoria, una circunstancia que también les pesó en determinados minutos. Y el Naturhouse, sin Isaías, Bashkin y Arrieta, fue mucho más equipo de lo que algunos esperaban. Salvo fases de precipitación en ataque, el equipo rindió con méritos, sobre todo en la parcela defensiva. El 6-0 hizo daño a los locales desde el arranque.
Jota había insistido durante toda la semana en la importancia capital que tendría la defensa en este partido. Sin sus máximos artilleros, el Naturhouse no tiene capacidad para pelear en tanteos altos, había advertido. Desde el inicio, los jugadores actuaron debidamente adoctrinados. Con Paco, Sorrentino y Amargant en el centro de la defensa, el Granollers se estrelló repetidamente, insistente en atacar esa parcela. Cuando no, apareció Lorger, soberbio con siete paradas. Así, desde el principio mandó el Naturhouse en el marcador (1-3, 3-5). Un septeto inédito (Lorger, Parra, Juárez, Amargant, Paco López, Velasco y Romero) estaba mostrándose claramente superior a los locales.
Dinámica de juego
La salida de Tioumentsev confirmó la dinámica del juego. Tres espectaculares goles del ruso dispararon las distancias hasta el 8-12, que había acallado las voces más altisonantes del Palau d'Esports, semipoblado por medio millar de espectadores. Sin embargo, cuando el partido pedía un golpe de autoridad aún mayor, a los riojanos les tembló la mano y escasearon las ideas. Pérdidas, algunas en contras claras y, en un visto y no visto, los catalanes habían igualado a doce. La última posesión fue para los de Jota González, pero Vigo no eligió la mejor opción y ambos equipos volvieron al vestuario en igualdad. El empate espoleó a los locales, inferiores en estos primeros treinta minutos.
Se notó tras el regreso a la pista. En apenas tres minutos, el Granollers se fue hasta el 15-13 y el Naturhouse había perdido orden y claridad. Pintaba mal. El equipo se reordenó y aguantó como pudo los minutos más atinados de los locales: 17-15, 20-17. A falta de unos quince minutos, el banquillo riojano estaba más apagado. Amargant culminó una rápida reacción estableciendo el veinte iguales, que regalaba diez minutos emocionantes. Una exclusión de Apelgren volteó todo. Juárez, que estuvo muy bien, acertó con el siete metros y los catalanes se vinieron abajo. 20-23, con poco más de cinco minutos de juego.
Como vino, se fue. Los riojanos ya no vieron puerta. Apenas dos minutos, y 22-23. El balón del Naturhouse terminó en la mano de Romero, que encaró una situación habitualmente fácil para él y erró. Ohlander salió con todo. Las siguientes jugadas alternaron jugadas equivocadas de Cutura y Vigo, que no tuvieron su noche, y lanzamientos errados por Tioumentsev, que exhibió su calidad y fue determinante, y Paco López, que encontró una posición de tiro y también el cuerpo del meta local. Eso sucedió después de que Ferrer, un buen artillero, ajustase un disparo a falta de 59 segundos para batir a Lorger, la estrella sobre la pista.
El portero terminó con diecisiete paradas, algunas de ellas en momentos de clave. Su gran actuación dejó en el banquillo a Gurutz, otro pedazo de meta. El punto careció de brillantez, pero premia el trabajo de un equipo que se mantiene sexto y afronta, ahora sí, su primera semana europea. Félix Revuelta, el que hace posible este proyecto, presumió desde la grada del Palau.