El 16 de septiembre de 2008, la Reserva Federal americana intervino American International Group (AIG), la mayor aseguradora del mundo, adquiriendo el 80% de sus activos a cambio de un préstamo de 85.000 millones de dólares -que luego se elevaron hasta 182.000 millones- para evitar su quiebra y, con ella, el derrumbe de todo el sistema financiero mundial. Y es que AIG tenía entonces asegurados créditos a bancos de todo el mundo por más de 300.000 millones de dólares.
Ahora, la multinacional estadounidense ha separado su división financiera -la que le llevó al borde del precipicio- de su negocio tradicional, los seguros, en el que lleva 90 años y que 'refunda' con el nombre de Chartis (mapa, en griego), sociedad instrumental que engloba sus seguros comerciales e industriales, seguros generales y operaciones de clientes privados.
La presentación en Bilbao de esta nueva marca corrió a cargo de su director general para España y Portugal, Álvaro Mengotti.
-¿Cuál es la situación actual de AIG un año después de que el Gobierno de EE UU saliera en su rescate?
-De estabilidad. Aquel rescate se produjo por necesidades derivadas de las obligaciones que habíamos garantizado a la banca de inversión, y para cumplir con ellas tuvimos que hacer frente a pagos de deuda colateral por más de 110.000 millones de dólares.
-El préstamo inicial era a 24 meses. ¿Cuándo van a comenzar a devolver el dinero al Tesoro norteamericano?
-El plazo se extendió luego a cinco años y se redujeron los intereses, con lo que hubo una mejora de las condiciones. Ahora se está elaborando ya un plan para la devolución del principal.
-¿Cómo es posible que la mayor aseguradora del mundo, que debería ser también la mejor evaluadora de riesgos, asumiera operaciones como las coberturas de las 'subprime'?
-Fallamos porque éramos parte del sistema. Se daba por hecho que alguien iba a asegurar esos riesgos, y nosotros lo hicimos. Al ser el principal asegurador mundial teníamos unas relaciones institucionales con la gran banca de inversión, que nos ofreció unos riesgos que realmente no entendimos bien cuál era su alcance final. Cuando se produjo nuestro rescate, el Gobierno de EE UU consideró que el último dique de contención del sistema financiero se llamaba AIG. Prácticamente todo el dinero que recibimos del Gobierno americano se lo hemos dado a terceros, y que nosotros cumpliéramos con nuestras obligaciones ha permitido que el sistema haya seguido funcionando.
-¿Qué consecuencias han sacado de aquella experiencia?
-Sobre todo, que tenemos que concentrarnos en nuestro negocio principal: los seguros, que está sano y se ha mantenido unido. También hemos incrementado muchísimo nuestra política de control de riesgos y somos más conservadores ante aquellos que pueden tener algún elemento de insolvencia.
-La intervención de la Reserva Federal supuso también una gran pérdida de credibilidad para la marca AIG.
-Relativamente. AIG ha formado parte de la crisis, pero también ha sabido mantenerse. Seguimos en la Bolsa de Nueva York con una cotización razonable, en el segundo trimestre de este año hemos dado 1.270 millones de euros de beneficios y los que conocen el problema en profundidad nos están respaldando y mantienen su confianza en nosotros. En España, por ejemplo, hemos mantenido más del 90% de nuestros negocios y seguimos trabajando con casi todas las grandes empresas, tanto financieras como industriales.
Calidad e innovación
-Chartis, la nueva marca de AIG, ¿nace para distanciarse de un nombre que, entre otros ilustres, se asocia a la mayor crisis económica de los últimos 80 años?
-Nace para continuar, para diferenciarse y para decir de algún modo que nuestras compañías de 'no vida' en todo el mundo están sanas, que tienen un proyecto de futuro y que queremos tener nuestra propia marca comercial. AIG queda como la compañía holding propietaria de todas las compañías del grupo Chartis, que son independientes en el sentido de que tienen sus propias cuentas de resultados y sus propias regulaciones. Hay que recordar que en 2008, las compañías que ahora forman Chartis facturaron cerca de 52.000 millones de dólares, lo que representó cerca del 50% de la facturación total de AIG en el mundo.
-¿Cuándo nace Chartis y cómo está siendo acogida en el sector?
-Como sociedad instrumental y nueva marca se creó en EE UU el pasado 27 de septiembre y ha sido perfectamente acogida. Nuestros principales clientes son las corredurías de seguros y para ellas somos una compañía preferente. Una 'prime' en la que creemos es que el modelo de negocio tiene que ser diferente para cada asegurado, por lo que trabajamos mucho al detalle e innovamos mucho para ofrecer productos especiales y a medida de nuestros clientes. No creemos en el producto paquetizado.
-¿Cuáles son sus actuales cifras en el mercado español?
-Nuestro volumen de primas fue de 180 millones de euros el año pasado. Nos consideramos un líder en el mercado español en lo que hacemos, ya que no nos dedicamos a 'seguros masa', tipo automóviles. Casi todas las grandes multinacionales españolas trabajan con nosotros y en los últimos años hemos desarrollado una cultura de servicio muy esmerado, apostando claramente por la calidad sobre la cantidad, hacia las corredurías locales a través de nuestras oficinas comerciales, como la que tenemos en Bilbao. Además, cuidamos mucho el talento y tenemos gente muy buena.
-¿Y en el País Vasco?
-En mayo de 2006 abrimos en Bilbao la oficina de la Zona Norte, que abarca también Navarra, La Rioja y Cantabria, para acercarnos al 'broker' local medio y a negocios hasta entonces cautivos de las corredurías ligadas a instituciones financieras. Desde entonces hemos triplicado nuestro volumen de negocio, que ya representa el 14% del total de Chartis en España, y de 35 corredurías que trabajaban con nosotros al principio ahora llegan casi al centenar.