Que nos lo den con queso o con cualquier otro alimento. No hay nada que no le vaya bien al vino siempre que seamos conscientes de que va a haber sabores que traten de ser predominantes sobre los caldos, ya sean tintos, blancos, nacionales o no y con o sin burbujas. «El vino, con lo que te apetezca», sentenció ayer Miguel Reinares, experto en la materia que codo con codo con el cocinero mirandés Alberto Molinero ha elaborado un menú especialmente pensado para disfrutar del maridaje de platos y copas con el deleite de todos los sentidos. Será los días 13 y 27 en el Restaurante Lola, en Berantevilla.
Los emparejamientos sorprenderán a más de uno. Pero «las normas están para romperlas». El encuentro gastronómico entre platos y vinos hay que tomarlo como un divertimento. «Hay que buscar lo que nos haga disfrutar». Se acabó la unión forzosa entre blancos y pescados, tintos y carnes, dulces y postres.
«Los primeros que ya han terminado con esto son los propios cocineros. Muchos están apostando por combinaciones de sabores y texturas. ¿Por qué no hacer lo mismo con los vinos?», cuestionó.
Debemos estar abiertos a las sorpresas y, por supuesto, dejarnos aconsejar, sin olvidar en ningún momento aquello que nos gusta, ya sea lo más tradicional o lo más rompedor. Reinares se decanta por esta última opción. Si hay que elegir entre maridaje por cercanía o por contraste, él opta por el cambio más evidente. «Me gusta más que haya una combinación de sabores diferentes entre sí, porque nos dará más juego».
Pero, evidentemente, esto no es una ciencia, y lo mejor que se puede hacer es «no tomarlo demasiado en serio». Cuando nos sentamos alrededor de una mesa se trata de «disfrutar bebiendo». Y eso se puede encontrar acompañando un foie con un vino dulce o un chuletón con champagne.
Sin elitismo
Lo mejor es «no tener prejuicios y perder la vergüenza» a la hora de mezclar, además de abrir nuestra mente y nuestro paladar a aquellas cosas que se están haciendo en otros lugares. No hay por qué perderse nada y en esta zona lo estamos haciendo. «Pasa en todas los entornos productores».
Beber Rioja no significa tener que renunciar a otros sabores. «Hay grandes vinos y otros que no lo son tanto» y ese es un concepto que no va ligado a su coste. «Es una obligación de los elaboradores hacer grandes caldos a precios muy razonable». Ese debería ser el objetivo de las bodegas.
«Hay que acabar con la moda de que todos los vinos con cierta consideración deben valer 60 euros. Por 15, 20 ó 25 euros tiene que haber grandes botellas. De hecho, ya se están haciendo cosas muy interesantes y a precios muy razonables. Hay que huir del elitismo», zanjó.